Un padre dona su hija la nuda propiedad de su casa y la destroza antes de morir para que se quede sin valor: la herencia debe pagar 250.000 euros por los daños

La vivienda, valorada en más de medio millón de euros, se vendió por solo 120.000 tras años de abandono. El padre era usufructuario y la dejó inhabitable antes de morir para perjudicar a la hija.

Un anciano firmando un documento junta a su hija |Envato
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Donar la nuda propiedad de una vivienda a los hijos puede ser una fórmula fiscalmente ventajosa a la hora de que los padres dejen a los hijos su patrimonio. Sin embargo, como advierten los expertos, esta decisión también conlleva ciertos riesgos, sobre todo si las relaciones personales se deterioran con el paso del tiempo. Y esto es lo que le ha ocurrido a una hija en Francia, a la que su padre cedió la nuda propiedad de una vivienda que se encontró totalmente destrozada por la falta de cuidados. 

Según relata la notaria Élise Mabille, en el medio Figaro Inmobilier, el padre cedió la nuda propiedad de su casa a su hija en los años noventa, conservando para sí el usufructo vitalicio. Tras años sin contacto, la hija recuperó la posesión plena del inmueble tras la muerte de su padre. Pero lo que encontró fue una ruina.

La propiedad era una casa señorial de más de 350 metros cuadrados, construida en los años 70, con piscina cubierta, sauna y baño de vapor. Sin embargo, tras un conflicto familiar, el padre dejó de cuidar la vivienda y llegó a destruir el tejado antes de marcharse, lo que provocó filtraciones durante más de 15 años. El interior estaba completamente deteriorado: “Había un agujero en la gran escalera de madera, animales muertos y murciélagos. La casa incluso se había convertido en un lugar habitual de exploración urbana”, describe la notaria.

La casa había perdido su valor por los destrozos y la falta de cuidados 

La hija, al recuperar la propiedad, no se sorprendió del estado en que estaba“Sabía que su padre haría todo lo posible para que las cosas salieran mal” tras el conflicto familiar que habían tenido, provocando así que la hija recibiera un bien de poco valor. 

Y es que el estado de abandono fue tan grave que la tasación oficial estimó que, si se hubiera mantenido en condiciones, la casa podría haber valido 550.000 euros. En su estado real, sin embargo, apenas alcanzaba los 120.000 euros, y requería una inversión mínima de 300.000 euros en reformas. Tras un año en el mercado, se vendió finalmente por esa cantidad mínima.

Ante la situación, la hija presentó una demanda contra la herencia, argumentando que el usufructuario, su padre, tenía la obligación de conservar adecuadamente el inmueble. “El usufructuario debe disfrutar de la propiedad como lo haría una persona prudente”, explica la notaria. Ambas partes llegaron a un acuerdo para evitar un juicio largo y costoso, y se fijó una compensación de 250.000 euros a favor de la hija, por la pérdida de valor del inmueble.

Cómo se repartió la herencia

El testamento del fallecido designaba como legatarios universales a terceras personas no emparentadas. Sin embargo, la mitad de la herencia correspondía por ley a la hija, al ser heredera forzosa. La deuda de 250.000 euros acordada como compensación se descontó del valor total del patrimonio antes de repartirlo.

La herencia final se valoró en unos 750.000 euros. La hija recibió la mitad (unos 375.000 euros), de los cuales pagó aproximadamente 55.000 euros en impuestos de sucesiones, quedándose con 320.000 euros netos, más el importe de la venta de la casa. Los legatarios universales, que no tenían vínculo familiar, heredaron la otra mitad, pero tuvieron que vender todos los bienes recibidos para hacer frente al impuesto del 60 % que se aplica en transmisiones entre personas no emparentadas en Francia.

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