En España, las herencias y la gestión del patrimonio familiar suelen ser fuente de conflictos, que en ocasiones terminan con consecuencias para las diferentes partes. Aunque la transmisión de bienes entre familiares debería suponer una oportunidad para reforzar los lazos y asegurar el bienestar de todos los herederos, no es raro que, por desconocimiento o por querer ayudar a un familiar en apuros, alguien tome decisiones que acaben volviéndose en su contra.
Cedió su parte de la herencia a su hermana y terminó durmiendo en la calle
Es el caso de Pilar Jimeno, una mujer de 62 años que convivió durante años con su familia en la vivienda heredada tras el fallecimiento de sus padres, y que actualmente lleva tres años viviendo en la calle tras ceder su parte de la herencia a su hermana. La decisión, motivada por la confianza y el deseo de ayudar a su hermana a saldar unas deudas, ha desembocado en una situación de máxima precariedad para Pilar.
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“Quise ayudarla con unas deudas que tenía y me fié de ella, era mi hermana”, relata durante una entrevista para el programa ‘Y Ahora Sonsoles’, después de haber sido también entrevistada en ‘Cope’, sin llegar a imaginar que aquel gesto de apoyo acabaría con su vida en la calle. Sin embargo, después de que Pilar firmara para rechazar la herencia de sus padres y la hermana le prometiera que “nunca la dejaría en la calle”, esta procedió a la venta de la vivienda familiar, una vez consolidada la cesión de derechos.
“Me ha visto durmiendo en el banco de Manuel Becerra”
Pero los malentendidos y el deterioro de la convivencia entre ambas hermanas, agravados por problemas de alcohol y disputas que se daban bajo el mismo techo, obligaron a Pilar a abandonar el domicilio ante el temor a verse envuelta en conflictos mayores. “Le dije ‘no me vayas a dejar en la calle’, pero le dio igual”, lamenta la afectada, que pasó a dormir en bancos y espacios públicos, sin ayuda de su familia.
Hoy, Pilar sobrevive en un albergue para personas sin hogar, con una ayuda económica que apenas cubre sus necesidades básicas, y a la espera de una oportunidad laboral que le permita reconstruir su vida. “Ella sabe que estoy aquí, me ha visto durmiendo en el banco de Manuel Becerra y le ha dado igual. Duele mucho porque lo hice de corazón”, confiesa.
Sin embargo, aunque recuerda que su hermano le advirtió “que no cediera la herencia”, y reconoce que no le escuchó, Pilar confiesa que “en el fondo la quiero porque es mi hermana”, a pesar de que hayan perdido el contacto desde lo sucedido.
El caso de Pilar no es un caso aislado. Los conflictos derivados de herencias y la cesión de derechos entre familiares, una vez formalizados ante notario, resultan en muchos casos irreversibles, salvo que se acredite fraude, coacción o incapacidad. Por ello, su testimonio expone la vulnerabilidad de quienes, por razones emocionales o de confianza, renuncian a su patrimonio sin protección ni mediación adecuada.