La pensión de incapacidad permanente a diferencia de otras prestaciones como la de jubilación o la viudedad es que no depende solo de las cotizaciones, sino de demostrar limitaciones para trabajar ya sea para la profesión habitual o para cualquier otra. Aun así, hay trabajadores que reúnen informes médicos, pruebas diagnósticas y hasta resoluciones administrativas, pero olvidan un documento que puede resultar decisivo al reclamar una incapacidad permanente. Se trata del profesiograma, un informe que describe con detalle cómo es realmente el puesto de trabajo y qué exigencias físicas, técnicas y organizativas implica en el día a día.
El abogado laboralista Víctor Arpa lo resume de forma directa en uno de sus vídeos. “¿Sabías que hay un documento que puede ser clave para ganar tu incapacidad permanente? Se llama profesiograma y muy poca gente lo conoce”. Según explica, “es un informe donde se detalla qué haces exactamente en tu puesto de trabajo, tus funciones, horarios, herramientas que usas, condiciones físicas que requieren, riesgos y las aptitudes necesarias para hacerlo bien”.
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La Ley General de la Seguridad Social explica que la incapacidad permanente se valora por las reducciones anatómicas o funcionales que disminuyen o anulan la capacidad laboral del trabajador. Además, para fijar el grado, debe tenerse en cuenta la incidencia de esas limitaciones en la profesión que ejercía antes del hecho causante. La propia norma diferencia entre incapacidad parcial, total, absoluta y gran incapacidad, y en su régimen transitorio deja claro que la parcial y la total se conectan con la profesión habitual.
Por eso Arpa insiste en que este documento puede marcar la diferencia. “Lo debe elaborar la empresa”. Y añade que, si se trabaja en un negocio pequeño, “se lo pides directamente a tu jefe” y, si se trata de una gran compañía, “al departamento de recursos humanos”. Su utilidad es clara, porque “sirve para que el juez o el INSS vean si puedes realmente seguir haciendo tu profesión habitual”.
La importancia del profesiograma encaja también con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Esta norma obliga a la empresa a evaluar los riesgos del puesto, planificar la actividad preventiva y conservar documentación sobre esa evaluación y sobre las condiciones de trabajo. También define como condición de trabajo cualquier característica que influya de forma significativa en la generación de riesgos para la salud del trabajador, incluida la organización del trabajo
En la práctica, ese informe permite aterrizar el problema médico al trabajo real. No es lo mismo acreditar una lesión en abstracto que demostrar que un cocinero necesita manipular cuchillos, permanecer de pie durante horas y mantener destreza manual fina. Tampoco es igual hablar de dolor lumbar que probar que un mozo de almacén levanta peso de manera habitual. Ahí es donde, según Arpa, “sin profesiograma es más difícil demostrar que tu limitación te impide trabajar”.
El propio abogado también matiza que no siempre pesa igual. “Para la incapacidad permanente absoluta o gran invalidez no hace tanta falta porque ya hablamos de cualquier trabajo”. Sin embargo, en las incapacidades parciales o totales para la profesión habitual, sostiene que “el profesiograma sí es vital”.
Por eso, su mensaje final es claro y muy práctico para cualquier trabajador que esté pensando en reclamar. “Si vas a reclamar una incapacidad permanente, no lo olvides. Pide siempre tu profesiograma. Puede ser la prueba que marque la diferencia entre que te la concedan o que te la denieguen”.