La bajas laborales o incapacidad temporal es un tema que preocupa en España tanto a la Seguridad Social como empresas y empleadores, ya que estás suelen centrarse en cuánto cuestan, pero cada vez menos en cómo se gestionan, y ahí es donde Suecia marca una diferencia importante. La AIReF ya advirtió en un informe de que la incapacidad temporal es ya el segundo mayor componente del gasto de la Seguridad Social, con 16.500 millones de euros en 2024. Además, la incidencia de las bajas por contingencias comunes ha pasado de 21,4 a 33,9 casos por cada 1.000 afiliados entre 2017 y 2024, mientras la duración media ha subido de 40 a 45,9 días.
A pesar de que en España cuenta con una prestación por incapacidad temporal hay que decir que su sistema legal algo estricto en el arranque de la baja, ya que los tres primeros días no se cobra nada y del día 4 al 20 se cobra el 60 % de la base reguladora. Sin embargo, el problema no ha dejado de crecer. Y, además, la comparación europea apunta a que los castigos económicos iniciales no resuelven por sí solos el absentismo. El análisis publicado este mes por Betriebsrat, a partir de datos armonizados de la OCDE, termina mostrando que no existe una relación directa y estadística de que los días de carencia no pagados reduzcan de forma sostenible las ausencias por enfermedad.
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La lección sueca llega antes del día 30
Suecia ofrece la principal lección a España por ordenar antes el proceso. Allí el empresario abona la baja un máximo de 14 días, el trabajador debe presentar certificado médico desde el día 8 y, si se prevé que la ausencia durará más de 60 días, la empresa está obligada a tener listo antes del día 30 un plan de vuelta al trabajo. Ese documento debe incluir las medidas necesarias para facilitar la reincorporación.
La lógica sueca se endurece con el paso del tiempo y entre los días 91 y 180 se analiza si el trabajador puede hacer su empleo habitual o alguna otra tarea temporal dentro de la empresa. A partir del día 181, la prestación solo se mantiene si no puede desempeñar ningún trabajo en el mercado laboral ordinario, salvo excepciones justificadas. Para entenderlo, que no es una baja abandonada a la inercia, sino un itinerario revisado por fases.
Ese enfoque conecta con una idea que la OCDE ya destacó al analizar el caso sueco y es, que el sistema funciona mejor cuando aplica una “aproximación de obligaciones mutuas”, es decir, cuando reparte responsabilidades entre el trabajador, la empresa y la administración para acelerar la vuelta al empleo.
Justo ahí sitúa la AIReF uno de los grandes fallos españoles. El organismo habla de una deficiencia estructural por falta de información integrada, supervisión y coordinación entre el INSS, los servicios de salud, las mutuas y las empresas. Por eso propone reforzar el control temprano, mejorar la interoperabilidad y promover programas de reincorporación gradual y adaptación del puesto.
La lección que deja Suecia es que, más que recortar la prestación en los primeros días, resulta preferible obligar a actuar antes, hacer un mejor seguimiento de cada caso y preparar desde el principio la vuelta al trabajo. Ahí es donde España sigue llegando tarde.