España se enfrenta a una transformación demográfica sin precedentes. La prolongación de la esperanza de vida y el envejecimiento acelerado de la población están convirtiendo la jubilación en una etapa cada vez más larga y complicada.
Con más de 12 millones de personas mayores de 60 años y la previsión de que en 2030 una de cada cuatro personas en el país superará esa edad, el debate sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones y la necesidad de garantizar la autonomía financiera en la vejez se ha convertido en una prioridad.
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Las consecuencias de no contar con un plan de pensiones
Es el caso de Montse, una jubilada de 67 años que vive cada mes haciendo “malabares” con los 820 euros que percibe de pensión. “No es que no haya querido hacer una previsión, es que quizás no pude”, lamenta durante una entrevista para el programa ‘Y ahora Sonsoles’, ilustrando así la realidad de miles de españoles que se enfrentan a la jubilación sin haber planificado su futuro financiero.
“Lo que estoy haciendo es sobrevivir. Hago malabares gracias a los políticos que tenemos, al funcionamiento de todo y de todas las pensiones”, confiesa Montse, subrayando que en su entorno “muchos también llegan a la jubilación sin un plan y dependen solo de la pensión”.
“Si lo pensión no llega, te descoloca”
El economista José Antonio Vega, invitado al programa, recurre a la metáfora de la mesa para explicar la necesidad de diversificar los ingresos en la jubilación, explicando que la pata principal es la pensión pública, pero serían necesarias otras tres como el ahorro personal, los ingresos por inversiones o patrimonio, y otras fuentes alternativas, como la jubilación activa.
“El momento ideal para planificar la jubilación fue hace diez años. El segundo mejor momento, hoy”, advierte Vega. Sin embargo, reconoce que no todo el mundo tiene la posibilidad de construir esa “mesa” con varias patas. “Lo tiene complicado. Si la pensión no llega, te descoloca cualquier momento que tengas en tu presupuesto familiar”.
En el caso de Montse, la imposibilidad de ahorrar durante su vida laboral ha determinado una vejez con recursos muy limitados. Ante ello, apunta que “no todo el mundo puede tener tanta pata de la mesa”. La falta de educación financiera y de oportunidades para planificar a tiempo explica, en parte, que miles de jubilados dependan exclusivamente de la pensión pública.
Y aunque el perfil de los nuevos jubilados está cambiando, ya que quienes hoy se acercan a los 65 años cuentan, en general, con mayor nivel de formación y una vida más longeva y digital, el obstáculo de la estabilidad financiera persiste, incluso entre quienes disponen de rentas medias.
Así, los expertos insisten en la necesidad de fomentar el hábito del ahorro y la consulta a profesionales, pero casos como el de Montse recuerdan que para una parte significativa de la población, ahorrar no fue una opción, sino una imposibilidad marcada por salarios bajos y trayectorias laborales marcadas por la precariedad. “Yo voy tarde. Ahora, solo me queda sobrevivir”, concluye.