En un contexto marcado por la inflación, el encarecimiento de la vivienda y la facilidad para acceder a créditos y pagos aplazados, la educación financiera se ha convertido en una herramienta esencial para la estabilidad económica de los hogares. Sin embargo, la falta de conocimientos básicos sobre ahorro, endeudamiento o inversión puede llevar a tomar decisiones precipitadas que terminan afectando gravemente a nuestra salud financiera.
Es algo que ocurre especialmente en España, donde aún queda mucho camino por recorrer en este aspecto. Así lo considera la experta en finanzas Esmeralda Gómez (licenciada en Matemáticas con especialidad en Astrofísica, doctora en Economía y con un máster en Finanzas Cuantitativas), quien en una entrevista para la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a finales de 2025, ahondó en esta problemática.
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En la misma, preguntada por la nota de los españoles en cultura financiera, respondió que, tristemente, estamos suspensos: “un tres o un cuatro empezaría a decir”, si bien añadía que “ahora empieza a estar de moda el dinero”, cuando hace unas décadas “era tabú”. “Ahora ya está en las conversaciones de la cena, de la comida, la familia…”, señalaba.
Uno de los riesgos de esta falta de educación financiera, a su juicio, es que “muchas instituciones se aprovechan”, existiendo productos que denuncia abiertamente “que no deberían existir”, como son las tarjetas Revolving, que define como “un producto abusivo que debería prohibirse”. De hecho, el Gobierno está comenzando a fijar limitaciones y el Tribunal Supremo ya se manifestó el pasado año sobre ellas fijando los criterios sobre cuándo se pueden calificar de abusivas.
Delegar cuestiones de vital importancia como “la construcción de una pensión de jubilación”
Otro de los problemas de la falta de educación financiera, para Esmeralda Gómez, es que la ciudadanía haya confiado aspectos que pueden marcar su futuro únicamente al Estado: “la sociedad se ha relajado y ha delegado en aspectos en los que no debía delegar, como es la construcción de una pensión de jubilación”.
Sobre las pensiones, la experta explica que se debería de ahorrar e invertir para la jubilación lo más pronto posible, no siendo aún conscientes del poder que puede llegar a tener este ahorro prematuro: “si nosotros invertimos 50 o 100 euros desde que un niño nace, si lo hicieran nuestros padres o si lo hiciera el Estado durante los 60, 65 o 70 años que ahora va a estar la persona hasta que se jubila, la persona llega a la jubilación con más de medio millón de euros”.
Así pues, para Gómez, por un lado deberíamos tener un “colchón financiero” para imprevistos en productos de renta fija o cuentas remuneradas, que ofrecen liquidez total: “vas viendo tu dinero y lo puedes sacar y puedes pagar pero te va dando un porcentaje”. Por otro lado, la inversión a largo plazo para la jubilación debería ir destinada a una cartera de renta variable, aprovechando así el interés compuesto durante décadas.
“Si nosotros vamos invirtiendo de forma constante en una cartera de renta variable, vamos a llegar a la jubilación con mucho más dinero del que hemos dedicado a la inversión. Si no se toca. ¿Por qué? Las leyes financieras que rigen nuestro sistema es la ley del interés compuesto. Si nosotros invertimos hoy, al mes siguiente tenemos un poquito más, y ese interés compuesto aplica sobre ese poquito más. Al mes siguiente, sobre ese poquito más. Y además vamos destinando una cantidad pequeña que no nos hace falta en ese momento durante mucho tiempo, durante muchos años. Esa es la clave verdaderamente”, expone.
No es posible la ganancia rápida
Siguiendo con las inversiones, Esmeralda Gómez advierte de la inmediatez que reclaman muchos jóvenes. “Los jóvenes hay una parte que quiere la ganancia rápida. No es posible. O sea, o hay trabajo o hay una herencia o hay constancia”.
El mayor consejo que les puede dar, en línea con todo lo anterior, es “que se eduquen financieramente, porque las primeras decisiones que van a tomar en su vida son tremendamente importantes”. Sobre en qué invertir, no puede decir un producto concreto, insistiendo en que primero hay que educarse “un mínimo”.
En relación a esto, avisa de que no se puede invertir en algo que no se conoce o no se entiende correctamente: “Lo que no tienes que hacer es invertir sin conocer en lo que estás invirtiendo. Tienes que conocerlo”, y “mucha gente lo está haciendo”. En último lugar, apela al pensamiento crítico, insistiendo en que mucha gente se deja llevar “por un boom, por un consejo o por un amigo o un primo” y eso sí que es “un error garrafal”.