Mantener una empresa de construcción en España no es solo levantar tabiques o reformar viviendas. Es, sobre todo, asumir costes sin parar que, a cualquiera, le harían pensárselo dos veces, además de hacer frente a la falta de mano de obra y sostener un negocio donde los márgenes no siempre son amplios. Así lo explica Carlos Prieto, albañil y dueño de ‘Construcción y Reformas Jecar’, en una entrevista en el canal de YouTube El lado Oscuro, donde habla de cómo es el trabajo llevando una empresa de construcción y de cómo su empresa sobrevivió la fatal crisis de 2008.
Carlos lleva más de 25 años trabajando en la construcción, de los cuales 20 al frente de su propia empresa. Un recorrido largo que, según cuenta, le permite hoy vivir “cómodo”, aunque deja claro que este oficio no te convierte en rico así como así. “No somos ricos ni voy a ser rico, pero si llevas tu empresa bien, vives cómodo”, afirma. Eso sí, matiza que detrás hay muchas horas de trabajo y una gestión muy ajustada.
Una máquina le puede costar 700 u 800 euros, “un pastizal”
Uno de los mayores problemas actuales, según Carlos, es el coste del material y de la maquinaria. La evolución de los formatos en obra obliga a invertir de forma continua. “Ahora con los formatos grandes, las máquinas de cortar valen un pastizal”, explica. Pone un ejemplo claro: una máquina puede costar entre 700 y 800 euros solo para poder cortar determinados tamaños de material.
A eso se suman las averías. “La maquinaria se estropea mucho”, señala. Aunque él mismo arregla algunas cosas “dentro de un orden”, muchas reparaciones o sustituciones son inevitables. Son gastos que no se pueden esquivar si se quiere seguir trabajando y ofreciendo un buen servicio.
De tener 10 trabajadores a estar en “quiebra total”
Carlos recuerda que hubo épocas mejores. Llegaron a ser hasta 10 personas trabajando en la empresa, pero la situación cambió con la crisis y con el paso del tiempo pasó a estar en la ruina. Hoy, explica, no siempre es posible mantener empleados, aunque trabajo sigue habiendo. “Mi vida la llevo bien, la sigo llevando para adelante”, resume.
Tras la crisis de 2008, que califica como una “quiebra total”, su socio decidió abandonar la empresa para volver a trabajos relacionados con el mar. Desde entonces, Carlos continuó solo, asumiendo toda la carga económica y organizativa del negocio. “Me he comido, me he comido la crisis de 2008, nos la comimos con papas”, recuerda.
La importancia de cerrar el año con dinero en la cuenta
En su forma de gestionar la empresa, Carlos insiste en una idea clave: no repartir hasta el último euro. “Hay empresas que a final de año dicen: tenemos 1.000 euros de beneficio y se lo reparten todo. Eso no se puede hacer”, advierte. Para él, es fundamental dejar un fondo de seguridad.
Pone un ejemplo claro: “Si cierras el año y hay 5.000 euros, deja esos 5.000 euros ahí”. El objetivo es tener un colchón que permita afrontar meses flojos, averías o imprevistos, algo especialmente importante para los autónomos. “No sabes si mañana vas a tener trabajo”, explica, a diferencia de un sueldo fijo.
Un oficio que no hace rico, pero da estabilidad
Después de superar la crisis de 2008, invertir miles de euros en maquinaria y sostener su empresa durante dos décadas, Carlos resume su situación actual con realismo. Trabaja mucho, pero vive bien. No habla de grandes beneficios, sino de estabilidad. “Tienes tu sueldo para vivir bien y ya está”, dice, haciendo alusión a que al menos ahora se puede vivir bien de trabajar en la obra, no como antes que tener un marido que trabaja en la construcción significaba ser pobre.
Su testimonio pone cifras a una realidad habitual en la construcción: años de trabajo, inversiones continuas de cientos de euros en maquinaria y una gestión muy ajustada para que la empresa siga en pie. Un oficio duro, poco idealizado, pero que, bien llevado, permite seguir adelante incluso en los peores momentos económicos.