Viticultoras denuncian que las máquinas no son adecuadas para su tamaño: “Si pesas menos de 55 kilos, el tractor no arranca. Tengo que empujar en el techo para que me detecte”

Los sistemas de seguridad de los grandes fabricantes impiden que los operarios de menos de 55 kilos arranquen los vehículos.

Varias personas recogiendo uvas de una cosecha durante la temporada de vendimia |Patricia Galiana / Europa Press
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Varias viticultoras francesas han alzado la voz para denunciar un fallo estructural en el diseño de la maquinaria agrícola moderna. Los sensores de seguridad de los tractores, calibrados para estándares antropométricos masculinos, no detectan a conductores con un peso inferior a los 55 o 60 kilogramos. Este defecto de ingeniería, que afecta a marcas de referencia internacional, impide en muchos casos que el motor arranque o provoca la detención brusca durante la marcha.

El detonante de la protesta ha sido un vídeo difundido por Lucie Rousseau-Waldmann, responsable de producción de los Vignobles Rousseau en la Gironda francesa. En las imágenes, Rousseau-Waldmann, cuyo peso es de 42 kilos, demuestra cómo su tractor, un Deutz 5100, no se pone en marcha a pesar de seguir los protocolos habituales.

“Tengo que apoyarme con la mano en el techo para ejercer presión sobre el asiento y que el sensor me detecte”, explica la viticultora al medio especializado Vitisphere, quien señala que el sistema de seguridad está diseñado para detener la maquinaria si asume que el conductor se ha bajado del vehículo.

Un error común de ingeniería

El problema no es un caso aislado de una sola marca. Anne-Marie Vaudon Tardif, cogestora de un viñedo de 65 hectáreas en Charente, Francia, asegura que estos problemas comenzaron con la llegada de los asientos eléctricos. Tras comparar experiencias con otras profesionales que utilizan modelos de Same (Dorado o Frutteto), la conclusión es la misma: por debajo de los 55 kilos, el tractor no arranca o activa alarmas acústicas constantes que bloquean la toma de fuerza.

Rousseau-Waldmann afirma haber notificado el problema hace cuatro años sin éxito y, ante la falta de respuesta de los fabricantes, las viticultoras han recurrido a soluciones improvisadas y peligrosas. Algunas lastran los asientos con sacos de talco de 25 kilos o anulan manualmente los sistemas de seguridad, una práctica que aumenta los riesgos de accidente laboral.

Riesgos para la salud laboral

La falta de adaptación del material agrícola también afecta a la ergonomía y la seguridad física. Vaudon Tardif, de 1,60 metros de altura, relata cómo debe escalar su pulverizadora para limpiar las boquillas, ya que la maquina no viene con escalera integrada y el suelo del campo suele ser irregular o estar embarrado como para poner una escalera.

Por su parte, Charlotte Savary Fulda, propietaria de una explotación en el Maine-et-Loire, confiesa que tuvo que abandonar el labrado del suelo por la imposibilidad de manipular los ajustes manuales de sus herramientas, diseñados para una fuerza física superior a la suya.

La falta de atención de la industria a estos aspectos también conlleva secuelas médicas. Émilie Tourrette Brunet sufre epicondilitis, es decir, inflamación de los tendones del codo, debido al uso de tijeras de podar de tamaño estándar. Tras una intensa búsqueda, consiguió un modelo japonés, el Yamakawa, adaptado a manos pequeñas, pero a un precio de 300 euros, muy superior a la media del mercado.

Este colectivo de viticultoras, que ya ha comenzado a diseñar sus propias herramientas basadas en el principio de la palanca para multiplicar la fuerza, advierte de que estos problemas no son exclusivos del género femenino, sino que afectan a cualquier hombre de constitución ligera. La transcendencia de estas denuncias pone en evidencia la necesidad de que los departamentos de I+D de las grandes firmas de automoción agrícola incorporen la diversidad física de los operarios en sus estándares de fabricación.

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