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Una pareja de jubilados vende una aldea de 31 hectáreas con casas, un parque y un estanque: “Es un pueblo en sí mismo”

Tras tres décadas de rehabilitación, sale al mercado por cerca de dos millones de euros.

aldea la brousse en venta
Una pareja de jubilados vende una aldea de 31 hectáreas con casas, un parque y un estanque |hameaudelabrousse.com
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:
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Michel Gayout y Hélène Le Cheviller dedicaron más de treinta años a rehabilitar una antigua granja hasta convertirla en un espacio cultural en el suroeste de Francia. Ahora, con 80 años, han decidido vender la aldea de La Brousse, una finca de 31 hectáreas situada en Sers, cerca de Angulema (Charente, Francia), por un precio cercano a los dos millones de euros. “Es casi un pueblo en sí mismo”, explica Gayout, que compró la propiedad en 1993 después de dejar París.

La propiedad incluye unas diez viviendas, con tamaños que van desde los 40 hasta los 180 metros cuadrados, y suma en total más de 1.300 metros cuadrados habitables. Además, cuenta con un parque, praderas, un estanque, un antiguo lavadero, invernaderos, un horno de pan, garajes y más de 5.000 metros cuadrados de cuevas subterráneas. También dispone de dos hectáreas de tierras de cultivo y un huerto.

una imagen de la aldea
Una imagen aérea de la aldea | hameaudelabrousse.com

Actualmente viven allí unas quince personas, aunque su propietario asegura que podrían hacerlo hasta treinta “sin ningún problema”.

De granja abandonada a refugio artístico

Cuando la pareja visitó por primera vez La Brousse, el lugar era, según Gayout, “una granja vieja pero bien construida”. El terreno estaba prácticamente sin acondicionar. No tenía aislamiento, ni una instalación eléctrica adecuada y los suelos eran de tierra. “Había que hacerlo todo”, recuerda en una entrevista para Ouest France.

En lugar de desanimarse, decidieron convertir la reforma en el proyecto de su vida. Durante más de treinta años realizaron obras para arreglar y adaptar los edificios, con la ayuda puntual de amigos y de la organización WWOOF, voluntarios que trabajan en granjas a cambio de alojamiento y comida.

Uno de los jardines de la aldea
Uno de los jardines de la aldea | hameaudelabrousse.com

Cuando dejaron París, su idea era mudarse al suroeste de Francia, una zona que les gustaba por su cercanía al mar. Sin embargo, al ver el tamaño de los edificios y el entorno natural, cambiaron de planes. Como ambos estaban ligados al mundo artístico, ya que él era pintor, fotógrafo y escultor y ella era pintora y fotógrafa, decidieron transformar el lugar en un espacio para acoger a artistas.

Durante aproximadamente doce años, la aldea acogió a músicos, bailarines, poetas, autores y artistas de circo. “En total, habrán pasado un centenar”, estima Gayout. En el parque habilitaron varios escenarios para conciertos, representaciones teatrales y festivales estivales. Así, el lugar se convirtió en un pequeño espacio cultural en plena zona rural de la Charente, cerca de la región de Dordoña.

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El espacio artístico | hameaudelabrousse.com

Con el paso de los años, la actividad artística fue disminuyendo. Gestionar y mantener un espacio tan grande requería una energía que ahora reconocen que ya no tienen. “Cuando llegué tenía 46 años y mucha fuerza. Hoy sigo teniendo ganas, pero no las suficientes para continuar”, admite Gayout.

Ahora aclara que la decisión de vender no se debe a que hayan perdido el cariño por el lugar, sino a que consideran que esta etapa de su vida ha llegado a su fin.

Un proyecto que busca relevo

La propiedad es un inmueble poco común en el mercado francés. Por su tamaño y sus características, puede destinarse a distintos proyectos: desde una vivienda compartida hasta una iniciativa turística, agrícola o cultural. “Es un lugar que permite vivir casi de forma autosuficiente”, asegura su dueño, en referencia a que dispone de agua, tierras para cultivar y espacios donde se podrían instalar paneles solares.

El estanque | hameaudelabrousse.com

El futuro de la aldea dependerá en gran parte de que los posibles compradores tengan recursos económicos y capacidad para gestionarlo. “Puede impresionar por su tamaño. Una sola visita no es suficiente. Harían falta varios días”, advierte Gayout.

Mientras tanto, la pareja prepara su mudanza a una casa junto al mar y pone fin a un proyecto que, más que una simple inversión, ha sido el trabajo y la ilusión de toda una vida.