Hacer ampliaciones de la casa en el jardín e incluso instalar una casa prefabricada para tener un espacio independiente es algo que muchos se plantean para optimizar el espacio. Pero estas obras, que en principio parece que no afectarán a nadie, pueden generar conflictos entre vecinos, como el de esta madre que construyó un anexo a la casa en su jardín para su hija discapacitada y que ha acabado con denuncias de los vecinos y una orden de demolición del Ayuntamiento.
Esta madre, de 58 años, decidió invertir 170.000 libras (unos 197.000 euros) en levantar un anexo en el jardín de su casa. El objetivo era, según recogen desde el medio británico The Sun, que su hija, que padece una discapacidad y sufre fobia a dormir en la planta baja, pudiera disfrutar de independencia y seguridad. “Solo quería que mi hija estuviera tranquila y tuviera su espacio”, explica la madre.
El problema es que las quejas de los vecinos no tardaron en llegar. Algunos residentes del barrio calificaron la construcción directamente de “monstruosidad”. Varios denunciaron que la obra, que no tenía licencia, ya que, según la madre, en principio iba a ser un modesto anexo de un dormitorio, pero finalmente terminó pareciendo “un bungalow independiente con dos plantas”, que incluso llegó a figurar en Airbnb.
El Ayuntamiento abrió un expediente tras las quejas de los vecinos
Entre las quejas de los vecinos, destacaba el hecho de que la casa construida en el jardín violaba por completo la privacidad del barrio, tenía ventanas con vistas a los jardines de todos y no encajaba ni en tamaño ni en aspecto con el resto de viviendas de la zona. Uno de ellos así lo relató, “es enorme, ni siquiera encaja con la calle. Desde las ventanas se ve todo. No hay privacidad”.
Ante la avalancha de quejas, el ayuntamiento de Worcester abrió expediente y rechazó la solicitud de legalización presentada a posteriori. En su resolución, la administración local fue tajante, y según indican desde el medio, considera la construcción como una estructura “dominante, incongruente y visualmente molesta”, además de que “genera sensación de encierro” y afecta negativamente al entorno de los vecinos. También criticó la falta de “dependencia funcional” con la vivienda principal.
La propietaria carga contra sus vecinos y el proceso
La madre culpa a la inmobiliaria de no haber presentado correctamente los permisos y asegura que actuó de buena fe. “He construido esto para mi hija discapacitada. Pensé que tenía todos los papeles en regla. Ahora me han dejado con un edificio que mi hija no puede usar”, denuncia. Además, niega que el anexo tenga servicios independientes y responsabiliza a su arquitecto del error en la mención de Airbnb.
Mientras tanto el conflicto entre los vecinos está servido, ya que algunos muestran su apoyo a la familia y consideran injusto que una madre no pueda adaptar su casa para cuidar a su hija, pero otros temen que saltarse las normas urbanísticas siente un peligroso precedente y deteriore el aspecto de la comunidad.
Por ahora, la orden de demolición es firme, aunque la familia estudia si recurrir la decisión.

