¿Alguna vez has sentido que el mundo va mucho más rápido que tu capacidad para procesarlo? En una sociedad que avanza a golpe de notificaciones y donde el café de la mañana se acompaña con titulares y agendas imposibles, la sensación de saturación se ha convertido en el ‘pan de cada día’.
Y es que, a menudo se llega al final de la jornada con el agotamiento de quien ha librado su peor batalla, convencido de que el entorno, como el tráfico, el dinero que queda en nuestros bolsillos o incluso la presión social, son el único responsable de nuestro malestar.
Sin embargo, existe una perspectiva muy distinta que nos obliga a ver hacia dentro y recuperar el control de lo que sentimos. Marco Aurelio lo sabía muy bien. Este hombre, que gestionaba todo un imperio, dejó escrito un manual de resistencia que parece redactado justo para nuestra época.
Su visión está centrada en que el problema rara vez es lo externo, sino la etiqueta que el pensamiento le coloca a estos eventos que nos hacen sentir ansiedad o estrés y que empeoran nuestro día. Por lo que la felicidad no se encuentra en cambiar el mundo, sino en reajustar el filtro con el que observamos nuestra realidad.
El ‘filtro’ que decide nuestro bienestar
La idea de Marco Aurelio es muy clara: “La calidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos; por lo tanto, vigila tus impresiones”. Y es que, entre lo que pasa y lo que sentimos, se encuentra la percepción, y esta es justo la clave para entender lo que quiso decir el emperador romano.
Vigilar las impresiones no es aceptarlo todo, es tener en cuenta que la mente tiende a dramatizar. Pero, ¿por qué? Desde un punto de vista evolutivo, la mente no está diseñada para hacernos felices, sino para mantenernos vivos.
Lo cierto, es que el cerebro dedica mucha más energía a procesar amenazas que recompensas. Por eso, un solo comentario negativo puede arruinar un día lleno de elogios y acabar en ansiedad. Según datos del Ministerio de Sanidad, los trastornos de ansiedad afectan ya a una parte importante de la población, con una prevalencia que se sitúa en torno al 6,7% de los ciudadanos.
Tal y como afirmaba Marco Aurelio, no se puede controlar la incertidumbre, pero sí la interpretación que se hace de ello. Cuidar el contenido de la mente es, en definitiva, cuidar nuestra propia vida.
Marco Aurelio, el último de los ‘cinco buenos emperadores’
Para entender por qué sus consejos siguen sintiéndose actuales dos mil años después, hay que imaginar al hombre más poderoso de su tiempo viviendo en una crisis constante. Marco Aurelio (121-180 d.C.) no fue un filósofo de biblioteca, sino un emperador que gobernó Roma en su momento de mayor esplendor.
Perteneció a la dinastía que llevó al Imperio Romano a su máxima estabilidad. Aunque se le recuerda por su mente, pasó la mayor parte de su reinado en el frente de batalla, defendiendo las fronteras del imperio contra las tribus germánicas.
Durante sus años al frente, escribió sus reflexiones en tiendas de campaña, rodeado de soldados y enfermedades. Además, le tocó gestionar una de las pandemias más devastadoras de la historia. A pesar de su sabiduría, no tuvo una vida personal fácil. Perdió a ocho de sus trece hijos y sufrió la traición de algunos de sus generales más cercanos.
Sin embargo, fue el claro ejemplo de que el carácter no se demuestra cuando todo va bien, sino cuando el mundo parece desmoronarse a tu alrededor.

