Nunca es buen momento para ser despedido. Se trata de una noticia que, en la mayoría de los casos, cae como una jarra de agua fría. Pero, si es justo antes de las vacaciones, parece que todavía es aún peor. Esto justo fue lo que le ocurrió a Chaunie Brusie, en Estados Unidos, a la que le comunicaron que estaba despedida la noche antes de Acción de Gracias (el 26 de noviembre), antes de las vacaciones de Navidad.
“Recibí un mensaje en el que me comunicaban que me despedían de mi trabajo, lo que me dejó conmocionada y llorando, ya que me enfrentaba a las fiestas con cinco hijos y sin ingresos estables”, ha contado para ‘Business Insider’, donde explica que es redactora y se ha quedado sin contratos.
“Admito que estoy aterrada y siento todo tipo de emociones, desde vergüenza hasta miedo y depresión, por ser una mujer de casi 40 años sin perspectivas ni planes reales para el futuro, pero también estoy tratando de replantearme el despido de forma positiva”. Ciertamente, la situación se complica teniendo en cuenta que tienen 5 hijos: “aunque mi familia siempre ha dependido de mis ingresos para llegar a fin de mes, la vida parece más cara que nunca”.
Universidad, carnet de conducir, las extraescolares de deportes, la compra, el mantenimiento de la casa… No son pocos los gastos a los que tienen que hacer frente. “Realmente parece que estamos pasando por uno de los momentos más intensos económicamente de nuestras vidas”, confesó Chaunie, al tiempo que añadía que no tiene “el lujo de contar con un cónyuge adinerado que me ayude a recomponer mi vida”, ya que su marido es profesor en una escuela pública de una zona rural y no cuenta con un gran salario.
“Nunca he tenido una verdadera trayectoria profesional ni me he sentido asentada en mi puesto”
El despido ha llegado, además, en un momento donde Chaunie no tiene que estar tanto tiempo en casa, asistiendo ya la menor de sus hijos al jardín de infancia. “Esto no quiere decir que no sea necesaria; de hecho, he compartido en muchas ocasiones que criar a niños mayores me ha exigido más tiempo y esfuerzo emocional, pero sí noto un cambio en cómo veo mi identidad y mi sentido del yo al dejar atrás la etapa de bebés y niños pequeños después de haber dedicado tanto tiempo a ella. ¿Quién soy cuando los niños se vayan? ¿Cómo llenaré mis días? ¿Podré jubilarme y vivir cómodamente si nunca he tenido un trabajo de verdad?”, se pregunta en el citado medio.
La misma añade que, como autónoma, siempre ha ido encadenando cualquier trabajo de redacción que le salía: “aunque tenía trabajo estable (hasta ahora), nunca he tenido una verdadera trayectoria profesional ni me he sentido asentada en mi puesto. Sinceramente, sentía que solo estaba fingiendo hasta que me hiciera demasiado mayor o alguien se diera cuenta de que, después de todo, no era una buena escritora”, confiesa.
Así, cree que ha llegado el momento de reorientar su vida, mientras intenta “no entrar en pánico por las facturas que se acumulan”. “Sé que necesito encontrar un trabajo de verdad y he empezado a tantear el terreno. Tengo la licencia de enfermería, así que ya he hablado con un hospital local y he solicitado algunos puestos de enfermería a distancia”, relata, aunque también está intentando hacer algunas cosas solo por diversión, como un curso para trabajar de bibliotecaria.
“Sé que es el momento de explorar cómo será la siguiente etapa de mi vida. Siento esa inquietud que solo puede sentir una madre en plena perimenopausia que ha dedicado casi dos décadas de su vida a los demás”, concluye, mostrando que, aun en la situación más difícil, hay espacio para descubrir quién eres y hacia dónde quieres ir.

