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Alfredo, último ganadero de un pueblo de 46 habitantes en España: "Cada vez es más difícil comer ternera, ninguno ha querido seguir y esto se acabará"

Con el censo de ganaderos en mínimos, menos de 8.700 activos, el futuro del sector peligra. Hoy, esta baja rentabilidad ya no compensa con el enorme sacrificio personal y la falta de relevo generacional que amenaza con el cierre definitivo.

El ganadero, durante la entrevista
Alfredo, último ganadero de un pueblo de 46 habitantes en España: "Cada vez es más difícil comer ternera, ninguno ha querido seguir y esto se acabará" |Youtube|@MP DANCAUSA
Fátima Pazó
Fecha de actualización:
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En Urdués, un pequeño rincón de Huesca, la vida parece haberse detenido para muchos, pero no para Alfredo. Mientras la mayoría busca el movimiento constante que da una gran ciudad y la comodidad del teletrabajo, este hombre es el claro ejemplo de la resistencia final de un oficio que ha permanecido por décadas

Él es el último ganadero de un pueblo que llegó a tener casi una docena de explotaciones y que hoy es testigo de cómo el relevo generacional se ha ido a despachos y talleres mecánicos. 

Alfredo estudió electromecánica y trabajó en talleres, pero su instinto fue tal que se fue a vivir al campo por el simple hecho de echar de menos a los animales. Hoy, su día a día no entiende de festivos o de una jornada laboral de ocho horas. Es una vida de entrega absoluta donde la inversión inicial podría quitarle el sueño a cualquiera: la cifra para empezar a trabajar en lo que realmente le gusta fue de 180.000 euros.

“Ninguno ha querido seguir”

Para ser ganadero hoy en día no basta con la vocación, hace falta una capacidad de inversión que asustaría al empresario más audaz. Con el precio de una sola vaca rondando los 2.000 euros, iniciar una explotación con un lote mínimo de 50 animales supone un desembolso inicial de 100.000 euros solo en ganado. “Para empezar a trabajar ya te has gastado esa cidra”, confiesa MP Dancausa a Alfredo. 

Esta barrera de entrada, sumada al encarecimiento de los piensos y la energía, mantienen los márgenes de beneficio al límite, a pesar de que la carne de ternera ha registrado incrementos de precio de hasta el 23% en las carnicerías durante este 2026. 

Y es que la situación en Urdués es el espejo de una crisis estructural en la España vaciada. Según el último Censo Agrario del INE, la falta de jóvenes es el principal problema del sector. En el pueblo de Alfredo, la desconexión es total: de todos los niños que acuden a la escuela loca, solo sus sobrinos mantienen el vínculo familiar con las vacas. El resto de los hijos de los antiguos ganaderos han elegido convertirse en abogados, mecánicos o funcionarios. “Ninguno ha querido seguir”, sentencia el último ganadero de este pueblo.

Lo cierto es que el sector atraviesa una paradoja muy cruel: mientras los precios en origen están en niveles récord, el número de profesionales no deja de caer. Tan solo este año, el vacuno ha tocado mínimos históricos con menos de 8.750 ganaderos activos, y la producción de carne cayó un 1,51% interanual, situándose en unas 707.583 toneladas

Esta escasez de oferta, sumada a las estrictas normativas ambientales y brotes sanitarios como la Dermatosis Nodular Contagiosa, ha consolidado a España como uno de los orígenes de carne más caros de Europa. “Cada vez será más complicado… Esto se acabará”, sentencia Alfredo. Y es que, sin jóvenes que asuman el mando, cada vez serán más los establos que cierren sus puertas. 

“Ni he sido ni seré rico”

A pesar de la tradición, la tecnología se ha convertido en una gran aliada de este ganadero. Alfredo ha integrado el uso de drones para localizar reses en zonas escarpadas de difícil acceso, optimizando así el tiempo que perdía en caminatas interminables. 

Sin embargo, ni las nuevas tecnologías logran alejar la incertidumbre económica del sector. “Yo sé que con este trabajo ni he sido ni seré nunca rico”, confiesa el hombre, quien se refiere al marco legal que parece por quienes jamás han pisado el barro.