Alberto dejó todo lo que tenía en Barcelona para irse a vivir a Saélices, un pueblo conquense de menos de 500 habitantes que llevaba una década sin ‘tahona’, un molino de harina accionado por tracción animal. “Estaba de alquiler en una panadería durante diez años y no llegué a un acuerdo con los dueños", explica en redes sociales.
Por casualidad dio con Proyecto Arraigo, que le abrió las puertas a este rincón rural. Ahora amasa bollería y pastelería. a mano, todo cocido en horno de leña. “Me he sentido súper apoyado”, dice en Malas Lenguas, feliz con su salto al vacío.
“Barcelona, intocable”
Según el INE, los precios de la vivienda subieron un 12,9% anual, con la segunda mano encareciéndose un 13,1%. El metro cuadrado ya roza los 2.897 euros, pero en Baleares llega a 5.293 euros, Madrid a 5.225 y San Sebastián a 7.156 euros; por lo que en las grandes ciudades en alquilar o comprar se viene más del 50% de los ingresos familiares, empujando a miles de españoles hacia la periferia rural.
Alberto lo vivió en carne propia: “Empecé con 13 años, estaba buscando un local y, claro, empecé a expandir el círculo de Barcelona porque ya te digo yo que esa ciudad es intocable”, explicaba al programa de RTVE.
Su caso no es el único. El INE marca ya a 49,57 millones de habitantes con un flujo creciente hacia pueblos de menos de 10.000 habitantes, sobre todo teletrabajadores y familias que así consiguen ahorran hasta un 60% en vivienda.
“El mejor panadero de Cuenca”
Fue en Saélices donde Alberto montó su negocio en un antiguo molino. “Estaba allí de alquiler, se me acababa el contrato y entonces, pues, yo no quería seguir pagando alquiler, quería comprar algo”, explicaba hace unos meses a COPE.
Abrió el 27 de enero de aquel año y la acogida fue inmediata: “La gente muy amable y muy acogedora”, dijo. Clientes de pueblos cercanos buscan su pan de leña, un lujo que casi se ha perdido. Ahora, a Alberto lo conocen como “el mejor panadero de la provincia de Cuenca”.
Y es que, si le preguntan si volvería a una gran ciudad, su respuesta es contundente: “No, lo tengo claro… No, no y no”. Confiesa que aunque al principio “mis hijos se sorprendieron”, el apoyo lo sintió inmediatamente.
Ahora, asegura tener una mejor calidad de vida “más tranquila y menos estrés”, por lo que tiene claro que “no me echan de aquí ni con agua caliente”. Su truco no es más que otro que “insistir” si se tiene un buen producto, ya que al final “la gente lo reconoce”.

