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Un inquilino de una vivienda social es desalojado por tener 60 pitones en la vivienda: la justicia lo considera que explotaba una “granja de serpientes” en plena zona residencial

La asociación de viviendas denunció plagas de ratones, riesgo de incendio y uso indebido del inmueble como actividad económica.

Serpientes en una vivienda
Serpientes en una vivienda |Envato Lab
Lucía Rodríguez Ayala
Fecha de actualización:
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Cada vez son más los caseros que prohíben a los inquilinos tener mascotas a las viviendas, y los que lo permiten establecen siempre ciertos límites. Estos límites se incrementan cuando el número de animales es elevado o su presencia genera molestias en el vecindario. Es lo que ha ocurrido con un inquilino de una vivienda social de Lichtenvoorde, en Países Bajos, que ha sido desalojado de la vivienda tras negarse a reducir el número de serpientes que criaba en el inmueble, que ascendía a un total de 60 pitones.

Según informan desde el medio local Algemeen Dagblad (AD), la  asociación de viviendas propietaria del inmueble recibió varias quejas de vecinos por una plaga de ratones en la zona. Cuando los inspectores accedieron a la vivienda, la encontraron en malas condiciones, con restos de comida, alimento para pájaros y gatos, así como jaulas antiguas acumuladas. En la planta superior hallaron varios contenedores blancos con decenas de pitones en su interior.

Según la entidad arrendadora, el inquilino utilizaba la vivienda como laboratorio y recinto para animales. Consideraban inaceptable que en una casa situada en medio de una zona residencial se criaran tantas serpientes. Además, sostenían que la acumulación de alimento y excrementos podía atraer roedores y generar molestias a los vecinos.

El juez considera que la actividad era un negocio

El inquilino aseguró que las serpientes forman parte esencial de su vida y que tiene derecho a mantenerlas siempre que no causen daños. Añadió que no son peligrosas, que no pueden escapar y que no existe prueba de que los ratones detectados en viviendas colindantes procedieran de su casa.

En la vista judicial, reconoció tener sesenta pitones que mantiene en tanques de plástico calentados eléctricamente. Además, admitió que las cría y que su intención era continuar con la actividad, e incluso aumentar el número de ejemplares, aunque posteriormente señaló que podría reducirlas a unas veinte.

El tribunal rechazó su defensa y concluyó que la magnitud de la cría permitía considerar la actividad como una explotación económica, y tener un negocio en este tipo de alquileres esta prohibido según las normas de alquiler del país. 

En la resolución la justicia también señaló que la presencia de decenas de pitones en un barrio residencial puede generar temor y alteraciones en la convivencia, además del riesgo potencial de fugas y del peligro de incendio derivado del sistema eléctrico necesario para calentar los recipientes.

Por todo ello, ordenó el desalojo dandole un plazo de cuatro semanas para desalojar la casa, tiempo que consideró suficiente para trasladar sus pertenencias y reubicar a las serpientes en otro lugar.