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Una trabajadora habla claro sobre la jornada partida: “Tenía horario de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 20:30. Salía de casa a las 8:30 y volvía casi a las 22:30. Era deprimente”

Una usuaria de X ha denunciado las dificultades y secuelas de trabajar durante dos años con horario partido.

una trabajadora mirando su reloj
Una trabajadora habla claro sobre la jornada partida: “Tenía horario de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 20:30. Salía de casa a las 8:30 y volvía casi a las 22:30. Era deprimente” |Envato Labs
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:
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En España, la jornada partida sigue siendo habitual en sectores como el comercio, la sanidad privada, la hostelería o la enseñanza. Este modelo divide el trabajo en dos turnos, uno de mañana y otro de tarde, separados por una larga pausa al mediodía, lo que alarga la presencia fuera de casa durante gran parte del día. En los últimos días, el testimonio de una trabajadora en la red social X ha reavivado el debate sobre las consecuencias personales de estos horarios.

La usuaria @K1s4k1_lau ha explicado que durante dos años trabajó en una clínica con horario de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 20:30. Además, tardaba una hora y media en llegar en transporte público, por lo que no le compensaba volver a casa al mediodía y se quedaba allí a comer. En la práctica, salía de su casa a las 8:30 de la mañana y no regresaba hasta casi las 22:30. “Era deprimente y no tenía ganas de vivir”, resumía.

tuit jornada partida
Post en X de @K1s4k1_lau

Su testimonio, que acumula más de 270 mil visualizaciones y más de 5.000 ‘me gusta’ ha generado decenas de respuestas de otros usuarios que compartían experiencias similares o abrían un debate más amplio sobre la organización del tiempo de trabajo.

Cansancio, frustración y denuncia colectiva

La trabajadora explica que soportó ese ritmo durante dos años, un periodo que, según su relato, coincidió además con la pandemia. “Terminé dejando el trabajo porque no podía más y el ambiente era cada vez peor y terminé con una depresión horrorosa”, afirma.

Aunque ahora asegura encontrarse “bastante contenta” en otro empleo y compaginarlo con estudios y cursos, reconoce en los comentarios que la experiencia le dejó secuelas. “Una vez que sales de una depresión tan grande, nunca terminas de levantar cabeza”, lamenta.

Varios usuarios se sintieron identificados con esa vivencia. “Estuve tres años con ese mismo horario y era básicamente una condena”, señala uno. Otro apunta: “Aguanté hasta que el cuerpo dijo ‘ya no más’ y hasta día de hoy más tranquila, pero con secuelas”. La repetición de palabras como “ansiedad”, “ataques de pánico” o “miedo a ir a trabajar” muestra que muchas personas asocian este tipo de horarios con un fuerte desgaste emocional.

El debate también se centró en quién es el responsable de esta situación. Un usuario afirmaba que “hay que responsabilizar de una vez a quienes nos explotan”, mientras que en otro mensaje defendía que el cambio debía surgir de los propios trabajadores: “Somos nosotros los que tenemos que acabar con los turnos partidos”. Frente a estas posturas, otros relativizaban la queja y apelaban a la decisión individual: “Busca otro curro o móntate uno. Nadie te obliga a coger un trabajo que no te guste”.

Quienes critican este modelo señalan que la pausa del mediodía, cuando no se paga y no permite desconectar de verdad, hace que la jornada se alargue mucho más allá de las ocho horas. “Eso no son ocho horas, son diez horas y media”, comentaba un usuario. Otros van más allá y piden su eliminación. “El turno partido debería estar prohibido”, concluye la trabajadora que inició el hilo.