Ser madre lo cambia todo: el cuerpo, la mente y también la forma de trabajar. En España, la mayoría de las mujeres siguen trabajando durante el embarazo, muchas de ellas en empleos físicos o de cara al público, mientras lidian con náuseas, cansancio y miedo a perder el puesto.
Todo eso se vuelve aún más duro con los precios disparados de ciertos productos y servicios. La inflación de alimentos y básicos ha encarecido la cesta de la compra más de un 30% en la última década, obligando a miles de familias a depender de cada salario para llegar a fin de mes.
En medio de ese escenario está Soffie, una cajera de supermercado denuncia en redes sociales que la despidieron justo después de decir que estaba embarazada. Aunque en España la ley protege de forma especial a las trabajadoras embarazadas, no siempre termina bien.
Qué dice la ley en España
El despido de una mujer embarazada se considera, en principio, nulo, siempre y cuando no haya una causa objetiva demostrable y ajena al embarazo. Además, la normativa obliga a la empresa a adaptar las tareas si existe riesgo para la salud de la madre o del feto, reduciendo esfuerzos físicos o evitando cargas pesadas.
En teoría, la maternidad no debería ser un motivo para perder el trabajo. Sin embargo, en la práctica, muchas mujeres denuncian despidos encubiertos, fin de contratos de prueba o no renovaciones justo después de comunicar su embarazo.
Esto es justo lo que le sucedió a Soffie. Su historia arranca como la de tantas jóvenes en el país: un trabajo en un supermercado y seis meses de prueba. “Mi puesto consistía en cajera reponedora, lo típico de un supermercado: reponer, sacar los palés, poner los productos en las estanterías, frontear, limpiar…”, explica en sus redes sociales.
“Todo iba bien, hasta que informé de mi embarazo”
Todo iba bien, sin quejas y sin avisos hasta que descubren que está embarazada. “Decidí no decir nada en el trabajo. Se suele recomendar no decir nada hasta el tercero o cuarto mes”, explica. Al cuarto mes, la joven empezó a notar pinchazos al levantar peso y mover los palés. Fue entonces cuando decidió “no poner en riesgo a mi bebé por esto”.
“Cogí a mi encargada y le dije que estaba embarazada”, recuerda. A partir de este momento, la cambian de función y la dejan “simplemente de cajera”. Soffie decide informar también a la central para explicarles la situación.
“Fui a trabajar como de costumbre, y horas después de que saliera, me suena el móvil. Sorpresa… era de central para decirme que no había pasado la prueba y que era mi último día de trabajo”, confiesa. Tal y como detalla, la empresa le dijo que habían obtenido “valoraciones negativas” y que el rendimiento que ellos buscaban “no era el que yo les ofrecía”.
“Qué casualidad: llevo cinco meses en la empresa, sin quejas. Les comunico que estoy embarazada y a los tres días, pum… ”no has pasado la prueba por tu rendimiento", sentencia la mujer. “Claro, ellos no pueden decir: ‘oye, te echamos porque estás embarazada’ porque ahí puedo ir por lo legal", dice.
Ahora, solo tienen un único ingreso, el de su pareja. “No puedo trabajar en ningún sitio porque nadie quiere… nadie me va a contratar con esta barriga, y más que va a crecer”, añade.

