En un momento en el que los precios de casi todo siguen subiendo, el consumo de bajo coste se ha convertido en una de las tendencias más potentes del mercado español. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, las cadenas de comida rápida y de repostería han multiplicado su presencia en las grandes ciudades, especialmente entre jóvenes y familias con rentas medias. El concepto es claro: calidad aceptable, formato pequeño y precio que no duele en el bolsillo.
Mientras tanto, el paro juvenil en España sigue siendo uno de los problemas estructurales más graves del país. Tan solo en 2025, la tasa de desempleo entre personas de 16 a 24 años rondó el 29%, una de las más altas de la Unión Europea.
Muchos jóvenes terminan carreras, másteres o ciclos formativos y se encuentran con un mercado laboral saturado, precario y poco accesible. Sin embargo, también existen casos con el de Roger, que con 23 años, ha sabido ir a contracorriente y convertir su idea en un negocio que no para de crecer.
“Me quedaban 50 euros para tres días”
A través de una entrevista a Talent Hostelería, Roger ha recordado con claridad el momento en el que nació la idea. “Estaba acabando la carrera en Canadá y aproveché para viajar muchísimo por Estados Unidos para sacarle provecho al intercambio. Cuando prácticamente no me quedaba dinero en la cuenta estaba en Nueva York y me encontré con el 99 cents Slice Pizza, un sitio que vende porciones de pizza a casi un euro”, cuenta.
"Quizás me quedaban 50 euros para tres días y decidí comer allí todos los días. Lo que me impresionó fue que la pizza no solo era barata y grande, sino que estaba increíblemente buena. Ahí entendí la diferencia entre el low cost asociado a baja calidad en España y el concepto agresivo en Estado Unidos: productos baratos, pero increíblemente buenos", explica.

No dudó ni un momento en traerlo a España adaptándolo a su postre favorito: la tarta de queso. Desde entonces, ha construido un modelo muy sencillo. "Todas nuestras tiendas tienen cuatro partes: venta, corte, obrador y almacén", detalla. El que tenga obrador, implica que cada día se hagan las tartas que se vayan a vender, asegurando así “calidad y frescura”.
En solo diez meses, Roger ha pasado de abrir su primer local a tener cuatro tiendas en marcha, incluyendo Valencia. Su objetivo es acabar con 25 o 30 locales a su nombre. Su expansión no se basa solo en el precio, sino también en la experiencia de compra.
“Tenemos la clásica, que es la que más sale, y estilos premium como chocolate blanco, Lotus, Cookies and Cream o cuatro quesos que cuestan 2,90 euros. El 86% de la gente sale con topping porque es una opción divertida y personalizable”, confiesa.
Jornadas reducidas y personal joven
Su secreto del éxito es sencillo: no pagar lo mínimo, sino ofrecer un buen salario y contar con una plantilla muy joven donde al menos el 80% son menores de 25 años. “Tenemos jornadas reducidas y más personal en lugar de poco personal y jornadas largas”, explIca. A pesar de ello, el negocio rinde: “Mensualmente facturamos entre 30.000 y 50.000 euros”.
Es consciente de que el precio de 99 céntimos puede no ser sostenible para siempre, pero asegura que siempre apostará por la calidad antes que el precio. A sus 23 años genera casi 100 puestos de trabajo y ha demostrado que, en un país con una alta tasa de paro juvenil donde las oportunidades parecen lejanas, ejecutando una buena idea, se puede alcanzar el éxito.

