Al llegar a España, muchos inmigrantes terminan en trabajos esenciales como la construcción, la limpieza o el cuidado de mayores. Son oficios clave, pero a menudo precarios. Según el Ministerio de Inclusión Social y Migraciones, alrededor de 70.000 personas trabajan sin contrato ni papeles en regla. Otros muchos, como Emiliana, una joven venezolana, optan por alternativas legales y en auge.
Con el boom de las plataformas como Glovo, Uber Eats o Just Eat, los repartidores, o riders, se han convertido en protagonistas de las ciudades. En España, ya hay más de 50.000 riders activos, de los que cerca del 70% son extranjeros, según datos de sindicatos como CCOO.
Se mueven en bici o moto, entregando comidas y paquetes a gran velocidad. Se trata del engranaje que estaba buscando el consumo rápido a domicilio, pero la realidad que se esconde detrás de estos trabajos es la precariedad: largas jornadas, poca protección social y un salario intermitente. Emiliana, que lleva varias años probando diferentes oficios, eligió este durante su estancia en Madrid. En sus redes sociales lo cuenta todo.
“Hay días en los que todo sale mal”
Pedaleando bajo la lluvia, Emiliana cuenta su día: “Me cae el primero, un doble de 21 euros; me cae otro de 7 euros… lo entrego y me llega otro más de 3 euros”, confiesa en uno de sus vídeos. La cuenta sigue: “Continué con uno más de seis euros, otro de cinco y siete hasta que el agua me entró por las botas. Luego hice este de ocho”, relata.
En total, en un día de mal tiempo y donde la mayoría de las personas están en casa, las ganancias aumentan: “Hice 78 euros”, dice. Sin embargo, no todo es fácil, pero Emiliana tiene claro de que la actitud es lo más importante. “Hay días en los que todo sale mal, pero tienes que seguir”, admite.
Los riders en España: “Es todo un reto”
Los repartidores como Emiliana combaten lluvia, frío y agotamiento en muchos de sus días, pero “como decimos los venezolanos: al mal tiempo, buena cara”. Y es que, esta joven tiene muy clara su filosofía de vida: “Seguir adelante no es que todo salga bien, es avanzar cuando todo sale mal”.
Se trata de un sector que no para de crecer. Tan solo en 2024, el reparto a domicilio facturó más de 2.000 millones de euros, con un aumento del 20% cada año, según la Comisión Nacional de los Mercados y Competencia (CNMC). Pero aun así, hay cierta polémica rondando.
Los riders autónomos dependen en su totalidad de aplicaciones que les marcan las rutas, precios y bonificaciones. Es por ello que han surgido varias sentencias judiciales que les reconocieron como falsos autónomos, obligando a plataformas a contratarlos con derechos laborales.

