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De ingeniero a panadero tras invertir más de 70.000 euros: “Al otro lado del miedo está el éxito”

Marcos dejó su trabajo en 2024, compró un local de 40 metros cuadrados en Tarragona y ya piensa en escalar su modelo de negocio.

un hombre en una panadería
Marcos, dueño de Paneme en Tarragona |Spiga Divulga | YouTube
Ana Cara
Fecha de actualización:
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Perder el trabajo puede convertirse en el punto de inflexión para cambiar de vida. Eso es lo que le ocurrió a Marcos, creador de Paneme, que en 2024 se quedó sin empleo como ingeniero y decidió apostar por un proyecto propio en el sector de la panadería artesanal. Hoy, tras invertir más de 70.000 euros, defiende que “al otro lado del miedo está el éxito”.

Durante tres años había trabajado como ingeniero mientras subía recetas a redes sociales, pero sin intención real de vender. Su idea era vivir de YouTube y dedicarse a la creación de contenido a tiempo completo. Sin embargo, el despido en abril de 2024 lo cambió todo. Reconoce en una entrevista en el canal de Spiga Divulga que fue entonces cuando empezó a florecer “un sentimiento más de necesidad que de otra cosa”.

La decisión no fue inmediata. Explica que no hubo un momento concreto que marcara el antes y el después, sino pequeños pasos progresivos. “Muchísimo menos todavía cambiando de profesión de ingeniero a panadero”, admite sobre el vértigo que le producía verbalizar su idea.

Aun así, dio el salto. “No tengo nada que perder”, pensó entonces. Y añade una reflexión que ahora repite con convicción: “Muchos se quedan en parálisis por análisis y no accionan por miedo a qué pasará”.

De vender desde casa a abrir su propio obrador

El proyecto comenzó con ventas desde casa, pero pronto se volvió inviable. La producción creció hasta tener el horno encendido cuatro o cinco horas diarias de lunes a viernes. “Concepto nanopanadería está muy bien, pero no es viable”, explica sobre las limitaciones legales y de costes en España.

En agosto abrió finalmente su obrador en Tarragona, junto a un colegio. El local tiene 40 metros cuadrados y no es de alquiler, sino en propiedad. Esa fue una de las decisiones más arriesgadas del proyecto.

La inversión total, incluyendo compra del local, reforma integral, maquinaria, instalación eléctrica, hornos, aire acondicionado y proyecto técnico, se movió en una horquilla elevada. “La horquilla puede ir entre 70 y 100.000 euros para que tú montes esto y te pongas a funcionar”, detalla.

El desembolso no se limitó al inmueble. También hubo que invertir en materia prima de calidad. “Si quieres más en algo tienes que apostar mucho”, asegura. Y añade que comprar harinas, huevos, mantequilla o maquinaria supone un esfuerzo económico que solo se recupera cuando el producto empieza a venderse.

Un modelo híbrido con horario poco habitual

La idea inicial era abrir solo por las tardes, de martes a viernes, priorizando la calidad de vida y la fermentación lenta de las masas durante 18 horas. “No quieres ser esclavo de un horario de noche”, explica sobre su apuesta por un modelo distinto al de la panadería tradicional.

Sin embargo, la demanda tras el inicio del curso escolar obligó a replantear el formato. En septiembre el volumen de pedidos creció y tuvo que contratar ayuda. “Era insostenible”, reconoce. Finalmente terminó incorporando a su padre al negocio ante la carga de trabajo.

El modelo actual es un híbrido entre micropanadería y panadería tradicional, con una carta reducida y productos que rotan según el día. La estrategia busca generar sensación de escasez. “El miércoles sabes que hay integral y tienes que pedirlo lo antes posible porque si no te quedas sin”, explica sobre la planificación semanal.

La acogida, según cuenta, ha sido mejor de lo esperado. “Pensaba empezar solo y seguir durante bastante tiempo solo”, afirma, aunque la realidad le obligó a ampliar equipo antes de lo previsto.

El objetivo ahora es escalar

Con apenas unos meses de actividad, Marcos ya piensa en el siguiente paso. “Sí, sí, yo quiero escalar”, asegura cuando habla del futuro de Paneme. Su intención es replicar el modelo en otros puntos de Tarragona y delegar más funciones dentro de un año.

Confía en consolidar la marca y apoyarse en las redes sociales, aunque reconoce que el tiempo es ahora su principal limitación. También se plantea contratar apoyo externo para la creación de contenido.

La transformación profesional ha sido radical. De ingeniero a panadero en cuestión de meses y con una inversión que supera los 70.000 euros. Pero si algo resume su experiencia es la frase que repite desde que decidió lanzarse: “Al otro lado del miedo está el éxito”.