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Barbara Ford, de 83 años, sigue trabajando: “Después de una carrera como enfermera y camionera, no quiero quedarme en casa y el dinero me rinde mucho”

Es enfermera titulada y defensora de pacientes en una empresa de atención médica.

Barbara Ford en su casa
Barbara Ford, de 83 años |Laura Thompson para Business insider
Antonio Montoya
Fecha de actualización:
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Una mujer de 83 años sigue trabajando como enfermera a su edad y no piensa en jubilarse. Además, es defensora de pacientes en una empresa de atención médica y ha trabajado también como camionera muchos años. Su esposo trabajó hasta los 80 años, hasta que algunos problemas de salud lo llevaron a jubilarse. Ahora no quiere dejar de trabajar porque declara que no quiere quedarse en casa y que además le viene bien el dinero.

Barbara Ford tiene ya 83 años y aún trabaja en el sector médico. “Una enfermera ayuda a quienes lo necesitan. Si tienes conocimiento, compártelo. Si sabes cómo hacer algo y alguien tiene dificultades, échale una mano y ayúdalo”, define sobre su actitud en una entrevista con Business Insider.

Su primer trabajo fue como secretaria de la junta en el hospital de la Universidad de Rochester. En ese momento ya tenía claro lo que quería. “Yo quería ser enfermera”, recuerda. “Y un día descubrí que podía ir a un colegio comunitario y sacarme la licencia de enfermera titulada”.

Ese fue el punto de inflexión. “Todavía recuerdo la sensación, como si los pies se me despegaran del suelo. Era mi sueño y sabía que lo iba a conseguir”.

En aquel momento estaba casada, tenía tres hijos pequeños, de 2, 4 y 6 años, y trabajaba a tiempo completo. Aun así, siguió adelante. Dos años después consiguió el título de enfermera registrada y se quedó trabajando en pediatría en la Universidad de Rochester.

No fue fácil, pero nunca me planteé rendirme”, cuenta. Con el paso del tiempo, cuando sus hijos fueron creciendo, se certificó como enfermera escolar y trabajó en colegios, antes de volver de nuevo al hospital.

Su carrera siguió avanzando. Llegó a ser subdirectora de enfermería en un hospital comunitario y más tarde se mudó a Virginia, donde pasó un año trabajando en urgencias.
Siempre acababa diciendo que sí a nuevos retos”, explica.

Antes de jubilarse, en 1990, se convirtió en enfermera jefe de la unidad médico-quirúrgica. Aunque, como ella misma aclara, jubilarse fue solo una forma de hablar.
Nunca he dejado de trabajar”.

Hoy tiene 83 años y sigue en activo.

“El dinero extra me viene bien para salir a cenar”

Tras jubilarse como enfermera, decidió dar un giro inesperado a su vida.
Mi marido era camionero, así que pensé: ¿por qué no?”.

Se apuntó a una escuela de conducción de camiones, compraron su propio vehículo y lo alquilaron a una empresa de Misuri. Durante 21 años recorrieron el país transportando explosivos del gobierno. “Él conducía de noche y yo de día. Nos organizábamos así”.

Regresaron a casa hace unos 14 años, pero ella aún no había terminado su camino profesional. Volvió a estudiar enfermería durante un año y entró en cuidados paliativos.
Siempre había querido trabajar en paliativos. Puede que llegara por un camino indirecto, pero todo lo que hice antes me preparó para eso”.

Con el tiempo, tuvo que dejar de atender pacientes.
Por mi edad y por el equilibrio. No me sentía segura si tenía que levantar a un paciente”, admite.

“Me encantaría volver a cuidados paliativos, pero supongo que todo llega a su fin”.

Hace más de un año recibió una llamada para ayudar con tareas administrativas en una agencia de salud. “Iba a ser algo temporal, pero ya ves… se convirtió en un trabajo fijo”, recuerda esta octogenaria.

Algunas semanas trabajaba cinco días, otras solo dos o tres. Su jornada solía ser de 8:00 a 17:00, revisando historiales clínicos y notas de enfermería.

Ahora empieza un nuevo empleo como defensora de pacientes en una empresa de atención médica. “Trabajaré desde casa y estoy muy emocionada”, dice.

La jubilación no siempre da para todo

Ella y su marido viven con los ingresos del Seguro Social y con una pequeña pensión de su etapa en el hospital. “Es el dinero que nos guardaron para nuestros últimos años”, explica. “Pero tener un extra me viene muy bien para salir a cenar”, afirma, dando a entender que ese dinero le viene bien para sus caprichos.

Su hermana vive cerca por primera vez desde que eran adolescentes y salen juntas una vez a la semana.
Es un lujo no tener que pensar en cómo voy a pagar la cuenta”.

Criaron a cinco hijos. Cuatro biológicos y uno adoptado, además de varios niños de acogida. “Ayudamos a nuestros hijos y a nuestros nietos todo lo que pudimos”, cuenta.

“Si nos lo hubiéramos guardado todo, quizá estaríamos mejor económicamente, pero no me arrepiento de nada”, reflexiona sobre su situación económica.

Si alguno de ellos llamara pidiendo ayuda, lo tendría claro. “Si me parece lógico, siempre encuentro la manera de ayudar”. “No necesitamos ser millonarios, solo tener un pequeño colchón”, afirma, declarando que está dispuesta a ayudar cuando haga falta.

“Odio que la gente piense que ya no puedo”

Hay algo que le molesta especialmente del paso del tiempo. “Odio esa sensación de que, por ser mayor, la gente cree que no puedo recordar”, afirma.

“Piensan que no puedo aprender o que hay que cuidarme”.

Camina con bastón, pero no quiere que la traten como si no pudiera valerse por sí misma.
Si se me cae el bastón, puedo levantarlo. No quiero llegar al punto de no poder cuidarme sola”.

Tiene problemas en las rodillas (una ya reemplazada) y reconoce que necesita ayuda para levantarse. Aun así, sigue decidida a mantenerse activa.

Su esposo la animó a seguir trabajando

Su esposo, enfermo, la anima a seguir trabajando. “No quiere que me quede sentada mirándolo”, explica.

“Intentamos llevar una vida lo más normal posible”.

Ella lo tiene claro: “Cuando eres joven, estás deseando jubilarte. Pero luego, ¿qué haces? ¿Te sientas a ver crecer el césped?”.

Durante años viajó con su marido en el camión. “Vivíamos en una habitación del tamaño de un baño grande, pero no nos importaba, recuerda”.

Pronto celebrarán 64 años de matrimonio. Él cumplirá 88 años y acaba de jubilarse por motivos de salud. “Si pudiera, seguiría trabajando”, dice ella. Y mientras pueda, ella también.