Trabajar en la obra siempre ha sido duro, pero con la diferencia de que antes se ganaba bastante más dinero. La falta de mano de obra y un precio de la vivienda que no deja de subir hace que cada vez exista menos jóvenes dispuestos a trabajar en la construcción. Esta realidad es compartida por muchos profesionales, que ven que entre condiciones laborales, el desgaste físico y unos salarios cada vez más bajos hacen que ya no compense este esfuerzo físico.
En este sentido, el creador de contenido, Adrián G. Martín ha querido mostrar la realidad de esta situación desde dentro, entrevistando a varios albañiles en plena obra. Uno de ellos es Pascual, jefe de obra y propietario de una pequeña empresa de construcción, que no duda en hablar con claridad sobre lo que se gana hoy en la obra y por qué considera que el oficio “está bastante devaluado”.
“Pasas frío, pasas calor y acabas con la espalda destrozada”, resume Pascual. El esfuerzo físico es constante. “Hay días que tienes que mover 50 o 100 sacos, y cada uno pesa 25 kilos. Antes eran de 50 kilos y te reventaban la espalda, por eso la normativa obligó a bajarlos”, explica. Aun así, el desgaste sigue siendo enorme. “Cuando llegas a casa, lo que más duele son las rodillas y la espalda de estar todo el día agachado y levantando peso”.
Salarios que no compensan el desgaste físico
Uno de los puntos clave de la entrevista es el sueldo. Pascual detalla cómo funcionan las categorías en la construcción: se empieza como peón, se pasa a peón especializado, luego oficial de segunda, oficial de primera y, con experiencia, encargado de obra. Sin embargo, los salarios actuales distan mucho de los de hace años.
“Un peón puede estar entre 900 y 1.000 euros. Un oficial de segunda, entre 1.200 y 1.300, y un oficial de primera, con suerte, entre 1.500 y 1.600 euros. Un encargado puede llegar a 1.800”, señala. Para Pascual, estas cifras no reflejan el esfuerzo ni los riesgos del trabajo. “Antes se podían ganar 3.000 o 4.000 euros, ahora te dejas la espalda por 1.200”.
La comparación con otros oficios es inevitable. “Un mecánico te cobra 40 euros la hora, y un albañil no llega ni a 20 y pico, cuando nuestro trabajo es mucho más duro y peligroso”, afirma. En la obra, los riesgos están siempre presentes. “Alturas, caídas de andamios, la radial, el martillo compresor… Si no sabes lo que haces o no tomas precauciones, te la juegas”.
La falta de jóvenes es otro de los grandes problemas. “Los jóvenes españoles no quieren ser albañiles”, asegura Pascual. “Dicen que en otros trabajos ganan lo mismo o más sin cansarse tanto”. En su empresa, como en muchas otras, gran parte de los trabajadores vienen de fuera.
Matías, otro de los entrevistados, explica que en España gana unos 1.300 o 1.400 euros, mientras que en Bolivia, haciendo el mismo trabajo, apenas llegaría a 400. Aun así, Pascual insiste en que el salario sigue siendo insuficiente para atraer a nuevos trabajadores.
“El problema es que antes la gente entraba a aprender el oficio, aunque al principio casi no cobrara. Ahora eso no existe”, lamenta. A esto se suman los costes para el empresario. “Solo el seguro de un trabajador cuesta unos 700 euros al mes. A un empresario no le sale rentable alguien que no rinde mientras aprende”.
Construir una casa, un lujo inalcanzable
La entrevista también pone el foco en el precio de la vivienda. Pascual calcula que una casa de tres plantas con piscina puede costar entre 400.000 y 500.000 euros, sin contar el solar, que puede superar los 200.000. A esto hay que añadir proyectos y arquitectos. “Con un sueldo normal, es imposible hacerse una casa hoy en día”, reconoce.
El aumento del precio de los materiales ha agravado aún más la situación. “Una teja antes costaba 49 céntimos y ahora vale 1,20 euros. Solo un tejado de 5.000 tejas son 6.000 euros en material. El cemento y el hierro se han doblado de precio y parece casi un monopolio”.
A pesar de todo, Pascual no reniega de su oficio. “Me gusta mi trabajo. Ver el resultado final, que el baño quede bien terminado y saber que eso va a seguir ahí cuando yo ya no esté”, explica. Eso sí, lanza un mensaje claro: “Nuestro trabajo está devaluado. Sin albañiles no habría casas, pero parece que nadie lo valora”.
Su conclusión es contundente. Si no mejoran las condiciones y no se facilita que los jóvenes aprendan el oficio, la construcción en España se enfrenta a un futuro complicado. “Este trabajo es muy duro, pero también es esencial. El problema es que cada vez hay menos manos dispuestas a hacerlo”.

