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María Ángeles, teleoperadora: “Cobro 831 euros al mes y trabajo de 9 a 15. Atiendo entre 10 y 12 llamadas cada hora y la mayoría de compañeros están con ansiolíticos”

Desvela cómo la presión, la vigilancia y los bajos salarios han disparado la ansiedad y el uso de ansiolíticos en el sector.

María Ángeles nómina
María Ángeles, teleoperadora y una nómina aleatoria |'Equipo de Investigación' / Archivo
Icíar Carballo
Fecha de actualización:
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La precariedad se ha convertido en la última década en uno de los principales retos del mercado laboral en España, especialmente en sectores como el de los servicios y la atención telefónica. La proliferación de empleos de bajos salarios y poca estabilidad, conocidos popularmente como ‘trabajos basura’, afecta a cientos de miles de trabajadores que afrontan condiciones marcadas por la temporalidad, la presión y la falta de mejoras. 

El caso de María Ángeles Garrido, una mujer de 52 años, recogido por el programa ‘Equipo de Investigación’ en 2019 y reemitido hace algunos meses, vuelve a poner sobre la mesa la realidad de la precariedad laboral en el sector de los teleoperadores en España

Antes de estallar la crisis, María Ángeles trabajaba como informática en una empresa de telecomunicaciones, y relata que percibía un salario de 2.003 euros brutos y 1.560 euros netos al mes. Sin embargo, cuando la despidieron, encontró trabajo como teleoperadora, pero su sueldo bajó a menos de 1.000 euros en comparación con el anterior.

Cuánto cobra una teleoperadora en España

“Cobro 888 euros brutos, que se quedan en 831 euros netos”, señala María Ángeles mientras muestra su nómina. Es decir, “1.400 euros menos”. Una diferencia que, según su testimonio, ha mermado su vida, ya que “con 2.000 euros me pude permitir comprar una casa, tener un coche, quedarme embarazada y tener a mi hijo”.

En cuanto a su jornada laboral, comienza a las 9 de la mañana y termina a las 15 horas, durante la cual atiende entre 10 y 12 llamadas cada hora. “Mi trabajo está sometido a mucho estrés”, afirma, a lo que también se suma la presión de los clientes y de los superiores, que a menudo dan instrucciones en tiempo real. “El estrés es no saber qué hacer”, confiesa María Ángeles.

“La mayoría de personas están con ansiolíticos”

La presión psicológica asociada a este tipo de empleos se traduce, además, en un deterioro de la salud mental de la plantilla. Según relata, en algunas campañas de su empresa “la mayoría de personas están con ansiolíticos” y la presencia de los servicios de emergencia es habitual. “El SAMUR va todos los días a mi puesto de trabajo por crisis de ansiedad”, afirma, haciendo hincapié en el elevado número de bajas laborales de larga duración vinculadas a trastornos de ansiedad.

A este clima se suman unas normas internas especialmente estrictas, como la falta de puntualidad o el uso del teléfono móvil. Más de tres faltas de puntualidad en un mes conllevan, según apuntan desde ‘Equipo de Investigación’, dos días de suspensión de empleo y sueldo, una sanción que los trabajadores consideran desproporcionada. Durante la jornada, además, está prohibido el uso del teléfono móvil, lo que refuerza la percepción de control constante durante la jornada.

Aunque la empresa para la que trabaja María Ángeles no ha sido identificada en el reportaje, la situación descrita por la empleada y las condiciones en las que trabajan, tiene claras repercusiones directas sobre la calidad de vida y la salud mental de los trabajadores.