En España, la vivienda se ha convertido en el mayor problema para millones de personas. Los precios de la compra y del alquiler han alcanzado máximo históricos, superando incluso los picos de la burbuja de 2008 en muchas ciudades, mientras el salario medio apenas avanza.
Muchos jóvenes, trabajadores e inmigrantes no consiguen entrar en el mercado ‘normal’ y se ven obligados a vivir hacinados en habitaciones diminutas o en viviendas precarias pagando una fortuna por espacios donde apenas caben.
Liz conoce muy de cerca esta situación. Vive con 15 personas en una pensión en Madrid y por ello paga 550 euros, así lo explica en sus redes sociales a los internautas, quienes siguen su paso por esta ciudad.
La vivienda en España, en crisis
En el país, el precio medio del alquiler ya se sitúa en 14,21 euros el metro cuadrado, pero en ciudades como Barcelona o Madrid, las cifras son asfixiantes, llegando incluso a más de 23,8 euros por metro cuadrado.
Estos precios, junto a la escasez de vivienda que ronda ya los 600.000 casos, empuja a muchos jóvenes y trabajadores a compartir pisos o a vivir en condiciones muy precarias. Aunque la Ley de Vivienda en España limita los precios de los alquileres de pisos completos en zonas tensionadas, no regula el alquiler de habitaciones individuales.
Es por ello que un propietario puede alquilar un piso de cuatro habitaciones a una familia por 1.200 euros, pero si divide esas habitaciones para meter a 10 personas cobrando 400 euros por cama, la cifra asciende a 4.000 euros al mes en el mismo espacio.
Estas situaciones conllevan que los contratos sean mayoritariamente de hospedaje o corta duración. Liz vive en una pensión donde se firman este tipo de acuerdos. “Me encanta que el edificio se vea como medio caro y haya un ascensor”, comenta.
“Una ventana que no lleva a ninguna parte”
Según cuenta la propia joven, su habitación es pequeña y está equipada con una cama, un escritorio y una ventana sin vistas exteriores. “Aquí hay una sala, unos colchoncitos…. Yo soy la habitación número 15. Hay una cama, una ventana, un escritorio y una minicama”, explica. Mientras que las zonas comunes incluyen cinco cuartos de baño, una lavandería y una cocina grande.
Con un déficit de miles de viviendas, precios de alquiler que superan el 40% del salario medio en muchas ciudades y una regulación que no protege el alquiler por habitaciones, miles de personas, como Liz, terminan viviendo en pisos colmena o alojamientos precarios.

