Las familias españolas transfieren cada año 130.000 millones de euros dentro de los propios hogares para financiar el consumo de niños y jóvenes que aún no tienen ingresos suficientes. Así lo pone de relieve el informe elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación Mapfre y FEDEA, que analiza los ingresos y gastos por edad y género y que cuantifica el peso real de la solidaridad familiar en la economía.
El estudio es claro, y señala que “la cuantía agregada de estas transferencias es muy importante, alcanzando los 130.000 millones de euros anuales, de los que 103.000 millones provienen de los adultos del tramo central de edades y 27.000 millones de los mayores de 55 años”.
El flujo es evidente. Los adultos en edad central de trabajar sostienen buena parte del consumo de hijos y jóvenes hasta que estos logran independencia económica.
Los adultos son el gran sostén económico
El informe explica que “básicamente [las transferencias] van de los adultos a los niños y jóvenes para financiar el consumo de estos últimos hasta que tienen rentas suficientes para autofinanciarse”.
Esta dinámica no es menor si se tiene en cuenta que el grupo de 30 a 54 años soporta también la mayor carga fiscal del sistema. Según los datos del estudio, mientras los adultos presentan un saldo neto negativo con el sector público de unos 165.000 millones de euros, los jóvenes registran un superávit de 46.000 millones y los mayores de 55 años uno cercano a 100.000 millones, impulsado principalmente por las pensiones.
Es decir, la generación central no solo financia el sistema vía impuestos y cotizaciones, sino que además redistribuye renta dentro del ámbito familiar.
Los mayores de 55 años tienen más capacidad económica y de ahorro
Durante la presentación del informe, los autores subrayaron una idea que rompe con algunos tópicos, los mayores de 55 años son actualmente el grupo con mayor capacidad económica media y el que presenta mayor nivel de ahorro.
Los datos respaldan esa afirmación. El ahorro medio anual por persona en este grupo alcanza 4.570 euros, frente a los 1.816 euros de los adultos de 30 a 54 años y apenas 232 euros entre los menores de 30.
Además, sus recursos medios por persona ascienden a 36.816 euros anuales, por encima de la media general.
Los expertos explicaron que esta mayor capacidad no solo responde a los ingresos, sino también a que asumen cargas económicas más bajas, y es que muchos ya no tienen hijos a su cargo, han terminado de pagar la vivienda o comparten menos gastos familiares que la generación central.
Pero hay otro matiz relevante. Lejos de la percepción habitual de que sus ingresos proceden exclusivamente de prestaciones públicas, los mayores también aportan recursos al sistema. Además de pensiones, cuentan con rentas del capital, ahorro acumulado y, en muchos casos, siguen generando ingresos laborales o apoyando económicamente a sus familias.
De hecho, el informe muestra que los mayores de 55 años no solo presentan saldo positivo con el sector público, sino que también participan en las transferencias internas dentro del hogar, contribuyendo con 27.000 millones de euros al sostenimiento económico de hijos y nietos.
El consumo no cae pese a la falta de ingresos juveniles
Uno de los elementos más relevantes del análisis es que el consumo por persona se mantiene relativamente estable a lo largo de la vida, incluso en etapas en las que los ingresos laborales son bajos o inexistentes.
El propio informe subraya que “puesto que el perfil del consumo es relativamente plano y la generación de rentas, al menos del trabajo, se concentra en el período intermedio de la vida, el consumo de los jóvenes y mayores ha de financiarse en buena parte con transferencias que provienen, en distintas medidas, del sector público y de la familia”.
Es precisamente ahí donde emerge el papel clave de los hogares como red de seguridad económica.

