En España, alquilar ya no es solo cuestión de encontrar piso, también es sobrevivir a la letra pequeña. El caso de Carla, una inquilina a la que sus caseras quieren retener 1.300 euros de una fianza de 1.600, es solo una muestra de los conflictos más habituales del mercado del alquiler en el país.
Según datos recientes, alrededor de una de cuatro familias reside ya en pisos de alquiler, una proporción que se acerca poco a poco a la media europea. El problema es que el precio ha subido con mucha más rapidez que los sueldos.
Tan solo en 2025, el alquiler se cerró con incrementos de más del 16% anual en muchas ciudades, situando el metro cuadrado en cifras récord.
Bajo este contexto, las fianzas también se han disparado. En contratos como el de Carla, entregar 1.600 euros de golpe se llega a convertir en una situación común para poder acceder a una vivienda. Esto se complica cuando termina el contrato, que es cuando empieza otra batalla: conseguir que ese dinero vuelva a la cuenta.
“Se quieren quedar con 1.300 de mi fianza"
A través de sus redes sociales, Carla explica su situación. Asegura que a pesar de avisar con un mes de antelación de que dejaba el piso en el que estaba y que incluso les consiguió una nueva inquilina, no se lo pusieron fácil.
El mismo día de la entrega de llaves su amiga entra a vivir “sin limpiar, sin pintar y sin revisar el piso”. “Yo hago la entrega de llaves con ellas, ven el piso y me dicen que todo bien”, explica. Sin embargo, todo cambia cuando recibe el desglose: “Di una fianza de 1.600 euros, pues me llega un desglose de 1.300. Me devuelven 349 euros y yo pálida… no entiendo nada”, cuenta.
Le cargan 550 euros de pintura sin factura, 70 euros en bombillas, 40 euros en sillas, e incluso le cobran un sofá nuevo de tres plazas y sofá cama cuando el que había era de segunda mano, con fundas rotas y humedades. “Os juro que es surrealista”, señala.
“Les pido la factura de esos 550 euros, porque todo lo demás me han ido enviando tickets, y demás, pero yo necesito una factura real y un presupuesto real de un pintor. ¿Qué pasa? Que se lo pintó el amigo de la hermana; entonces, en el presupuesto han podido poner lo que les dé la gana”, detalla Carla.
“Me envían un audio llamándome ‘mala persona’”
La ley establece que la fianza sirve para cubrir posibles daños o impagos. El desgaste normal por uso, como paredes con marcas, pequeñas huellas del tiempo o muebles envejecidos, es responsabilidad del propietario, no del arrendatario.
En el caso de Carla, las caseras le enviaron fotos “de detrás de la nevera” para reprocharle la suciedad acumulada, algo que suele considerarse mantenimiento estructural. También le cargaron bombillas y mobiliario envejecido. El resultado fue un descuento masivo sobre su fianza original, tal y como ella relata.
En cuanto a la pintura, comenta que insistió en ver documentos. Sin embargo, esto fue motivo para recibir un audio de tres minutos “llamándome ‘mala persona’, que estoy acumulando 1.300 euros y que se han portado muy bien conmigo”. Incluso recibe una amenaza con “meter a su padre en esto” si sigue adelante.
“Me dicen que estoy racaneando 1.300 euros, que si se han portado muy bien conmigo, que solo por eso tendría que dejar las cosas así. Que si no quieren meter a mi padre en esto, o sea, amenazándome, intentando disuadir de la idea de pelear por mi fianza", confiesa.
“Hay que pelear por lo que es de uno”
Lejos de aceptar, Carla decidió acudir a un abogado quien “me ha orientado y redactó una demanda de juicio verbal”. Al ser una cantidad inferior a 2.000 euros, no necesita abogado ni procurador.
“Ya he redactado la demanda con todas las pruebas, con toda la situación que ha pasado y demás para presentarla ante tribunal. Ahí ellas pueden aceptarlo o llegar a un juicio como salga. He peleado por lo mío”.
Aunque sabe que el proceso puede alargarse, afirma que “si estás fuerte y crees que eres capaz de afrontar toda esta situación, hay que pelear por lo que es de uno. Eso de ceder ante manipulaciones, no”.

