Entrar en el mercado inmobiliario en España se ha convertido en un deporte de riesgo. El precio medio de la vivienda usada cerró 2025 con una subida interanual del 16,2%, situándose en 2.639 euros el metro cuadrado, y la obra nueva superando ya los 3.400 euros por metro cuadrado.
El alquiler no se ha quedado atrás. Ahora, la media nacional ronda los 14,21 euros el metro cuadrado, cifras que son asfixiantes para cualquier trabajador que quiera tener una vivienda propia.
Ante la imposibilidad de acceder a un alquiler convencional, que en muchas ciudades consume más del 40% del salario medio, han surgido las llamadas ‘viviendas alternativas por necesidad’. Entre ellas están las casas prefabricadas y las tiny houses, estructuras que se han convertido en la opción ideal para quienes tienen un pequeño terreno o pueden alquilar una parcela en un camping.
Por unos 30.000 o 50.000 euros, se puede tener una casa “avanzada” tecnológicamente y que te da todas las comodidades que pudieras tener en cualquier vivienda convencional. Sin embargo, muchos ayuntamientos las están prohibiendo en terrenos rústicos y considerándolas ‘edificaciones’; lo que conlleva a que cada vez sea mas caro el proceso.
“Ha sido duro, es muy difícil vivir aquí”
Esther es una joven española que lleva tres años viviendo en una casa prefabricada de 28 metros cuadrados. La casita le costó 19.000 euros, pero tuvo que invertir 5.000 más en poner un tejado. Lejos de que pueda parecer cómodo, según Esther, no es así.
"Ha sido duro, no lo voy a romantizar. Está muy guay y me ha dado la oportunidad de poder ahorrar para comprarme la casa que estoy reformando ahora, pero siento que se queda muy corta", explica a sus seguidores en redes sociales.

Aquí viven dos personas y dos gatos, y el desorden lo consideran 'el pan de cada día’. “Es muy difícil vivir aquí y tenerla libre y limpia porque es un espacio muy pequeño”, confiesa. A pesar de las dificultades, el ahorro es la principal ventaja. “Lo mejor ha sido el poder ahorrar y no gastarnos mucho dinero en alquileres. Con ese dinero podemos ahorrar para la siguiente casa”, dice.
La vivienda en España: las consecuencias en la salud mental
La crisis de vivienda en España ha dejado de ser un problema económico para convertirse en una emergencia de salud pública. Con un déficit de 600.000 viviendas, y un aumento del 35% en consultas por ansiedad relacionadas con la vivienda en los últimos tres años, la situación es de alarma. Esther lo sabe muy bien.
“Esta casa para una temporada corta, como hemos hecho nosotros, me parece una gran oportunidad, porque, además, después la puedes alquilar o hacer con ella otras cosas. Pero para más de tres años, me parece agobiante y que te satura mucho la mente”, confiesa la joven.
Tal y como detalla, lo peor ha sido la falta de espacio, así como el contraste de las temperaturas y la falta de intimidad. “Pasamos de tener un espacio personal a estar todo el día aquí y todo tan cerca y tan pegado, eso se hace un poco cansado”, detalla. La casa, comprada como la más barata del mercado, tiene menos aislante y menos materiales de calidad, lo que se nota también en el deterioro tras varios años de uso.
“Era la que nos podíamos permitir y eso se nota porque ahora tenemos un montón de marcas. Hay muchas marcas de pegatinas que no podemos quitar”, explica. Es por ello que Esther aconseja a los futuros compradores invertir en mejores materiales y en una opción más grande.
“Si estás pensando en comprarte algo así y tienes poquito más de presupuesto, invierte en buenos materiales, aislantes y sobre todo, intenta que la casa sea lo más grande posible, porque con el paso de los años se te va quedando pequeña”, recomienda.

