Con la llegada de febrero, vuelve una pregunta que aparece cada cierto tiempo: por qué algunos años tienen un día más y por qué es precisamente este mes, el más corto del calendario, el que se alarga hasta el 29. El año bisiesto no es una rareza ni un capricho, sino un ajuste necesario para que nuestro calendario siga coincidiendo con el tiempo real que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol.
Por lo general, el calendario añade cada cuatro años un día más y febrero pasa a tener 29 días, alargando el año hasta los 366. El próximo ajuste de este tipo llegará en 2028, un año bisiesto que volverá a cumplir una función clave para el funcionamiento del calendario gregoriano, el sistema de datación que rige en la mayor parte del mundo.
Por qué existen los años bisiestos
El motivo es astronómico. La Tierra tarda aproximadamente 365,2422 días en dar una vuelta completa alrededor del Sol, una cifra que no encaja con los 365 días del calendario convencional. Esa pequeña diferencia, que se repite cada año, se iría acumulando con el tiempo y, si no se corrigiera, acabaría provocando que las estaciones se desplacen, hasta el punto de que el verano terminaría llegando en los meses invernales.
Para evitar ese desfase, el calendario gregoriano introduce un día adicional cada cuatro años. Por eso, en general, los años que se pueden dividir entre cuatro son bisiestos. Aun así, la regla tiene excepciones para ajustar mejor el calendario. Los años terminados en “00” no son bisiestos, salvo que también se puedan dividir entre 400. Así se explica que el año 2000 sí tuviera 29 de febrero, mientras que 1900 no lo tuvo y 2100 tampoco lo tendrá.
Gracias a este sistema, el calendario logra ajustarse casi por completo al tiempo real que dura un año. Sin este pequeño ajuste periódico, las fechas irían desfasándose poco a poco respecto al ciclo natural del planeta, con efectos prácticos que afectarían mucho más que a una simple cuestión de números.
Si no existieran los años bisiestos, el desfase del calendario acabaría afectando a actividades tan importantes como la agricultura, la planificación de actividades económicas o las celebraciones que dependen de las estaciones. Con el paso del tiempo, incluso aspectos cotidianos de la vida diaria se verían alterados por un calendario cada vez menos acorde con el ritmo real del planeta.
Por qué el día extra se añade en febrero
Que el día extra se añada en febrero tiene una explicación histórica. En el calendario romano original, febrero era el último mes del año y el que tenía menos días, por lo que resultaba más sencillo introducir ahí los ajustes necesarios sin alterar el resto de los meses.
Cuando se reformó el calendario hasta llegar al actual calendario gregoriano, se mantuvo esa tradición, y febrero conservó su papel como el mes en el que se corrigen los desajustes del tiempo.
Qué ocurre con quienes nacen el 29 de febrero
El año bisiesto también tiene una curiosa consecuencia para quienes nacieron el 29 de febrero. Estas personas solo pueden celebrar su cumpleaños en su fecha exacta cada cuatro años, aunque, naturalmente, cumplen años como cualquier otra.
En los años no bisiestos, la mayoría opta por celebrarlo el 28 de febrero o el 1 de marzo, una singularidad que convierte su fecha de nacimiento en una de las más poco comunes del calendario.
Cuándo serán los próximos años bisiestos
El próximo año bisiesto será 2028, cuando febrero volverá a tener 29 días. Este ajuste se repetirá de forma regular a lo largo del siglo XXI, es decir, 2032, 2036, 2040, 2044… con una excepción: el año 2100 no será bisiesto.
Una muestra de que el calendario no es algo fijo, sino un sistema pensado para adaptarse al movimiento real de la Tierra y a la vida cotidiana.