El 2025 terminó con más de 2 millones de personas en paro en España. Una cifra que, aunque es mejor que los años anteriores, sigue reflejando un auténtico problema social: cada vez cuesta más encontrar estabilidad laboral.
Muchos españoles se han visto obligados a reinventarse y a buscar ideas que les permitan ganarse la vida sin depender de un jefe ni de horarios interminables.
Bajo ese contexto surgen historias como la de Daniel, un hombre que decidió apostar por un modelo de negocio poco común, pero que ha demostrado ser todo un éxito: las lavanderías de autoservicio.
“Es un negocio desatendido, no es necesario tener empleados", explica el responsable de expansión de la empresa a Adrián G. Martín en su canal de YouTube. Lo que comenzó como un experimento con un solo local en Madrid se ha convertido en toda una revolución. Hoy, bajo la marca La Wash, la empresa ha conseguido abrir más de 350 lavanderías en toda España.
Una inversión modesta con un gran resultado
“Solo fueron necesarios unos 45.000 euros para ponerla en marcha”, recuerda. Con esa cantidad, Daniel explica que se cubrió el mobiliario, las máquinas, la central de pago y el software.
“Luego viene lo demás: pintura, albaliñería, electricidad, fontanería… que al final es un 30% más de la inversión total”, detalla.
El esfuerzo ha merecido la pena. “De media, en tres años se recupera. Es un negocio que devuelve la inversión rápido”, asegura. Pero no se trata de dinero fácil.
“Aunque sea un negocio desatendido, no es pasivo. Hay que estar encima: mantener la limpieza, reponer productos, hablar con los clientes…”, insiste el trabajador.
“Todos tienen que lavar ropa y hay menos tiempo”
El auge de las lavanderías de autoservicio es evidente. En España ya funcionan casi 2.000 locales, la mayoría bajo franquicia. Su presencia crece especialmente en las grandes ciudades como Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana, donde abundan las pequeñas viviendas, los barrios universitarios y las zonas turísticas.
“Todo parte de una necesidad básica”, explica Daniel. “Todo el mundo tiene que lavar ropa y cada vez hay menos tiempo. Aquí, en una hora, haces la colada y te la llevas seca”, detalla el hombre.
El negocio funciona. La facturación media ronda los 5.000 euros al mes, aunque depende mucho de la ubicación. “Tenemos lavanderías en calles principales que superan los 12.000 o incluso los 13.000 euros mensuales”, afirma.
En cuanto a la rentabilidad, ronda el 50% una vez descontados los costes; una cifra muy por encima de muchos comercios tradicionales. Su clientela es tan diversa como nuestra sociedad: estudiantes, solteros, familias o turistas. Todos buscan lo mismo: ahorrar tiempo y dinero sin complicarse la vida.