Científicos desmitifican la cafeína y la nicotina con estudios centrados en la demencia y en la inflamación neuronal

Un macroestudio de Harvard vincula el consumo moderado de bebidas con cafeína con un menor riesgo de demencia. Los beneficios no aparecen en el descafeinado.

Mujer toma una taza de café |Envato
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La ciencia es clara para afirmar que el café con cafeína “espabila”, pero no cualquier café juega el mismo papel cuando se habla de cerebro y envejecimiento. Según un estudio publicado en la revista médica más influyente del mundo JAMA, asocia el consumo moderado de café con cafeína con un menor riesgo de demencia y con mejores resultados en algunas medidas de función cognitiva. En ese análisis, el descafeinado no mostró la misma señal protectora.

El estudio explica que un consumo “moderado”, es decir, en torno a dos o tres tazas al día, vinculado con una reducción relevante del riesgo respecto a quienes apenas consumían café con cafeína. Los propios investigadores, y la divulgación de Harvard, matizan que se trata de una asociación, no de una prueba de causa-efecto.

Cafeína, el combustible del cerebro

El interés del trabajo no está solo en el porcentaje, sino en lo que sugiere sobre el “ingrediente activo”. Si el café descafeinado no acompaña el efecto, la hipótesis más razonable apunta a la cafeína. “Nuestro estudio sugiere que la cafeína es el factor activo que produce estos resultados neuroprotectores”, explica Yu Zhang, primera autora. Para entenderlo, lo que quiere decir es que no es solo “el ritual” del café; podría haber algo en la cafeína que, con el tiempo, marque diferencia.

Los autores también describen que, además del diagnóstico de demencia, quienes tomaban café con cafeína presentaban menos “deterioro cognitivo subjetivo”, esa sensación de que la memoria ya no va igual, y mejores puntuaciones en algunas pruebas. Y añaden que el patrón se observó incluso en personas con mayor predisposición genética. “Incluso las personas con una alta predisposición genética a la demencia vieron reducido su riesgo gracias al consumo de café”, relata Daniel Wang, autor principal.

Ahora bien, nada de esto convierte el café en una receta milagrosa. El propio enfoque de los investigadores y de la evidencia disponible apunta a que, como mucho, es una pieza que suma dentro de un estilo de vida que incluya sueño, actividad física y dieta.

Nicotina: cuando la ciencia obliga a separar “molécula” de “humo”

Este estudio sobre la cafeína es inédito, pero no único, pues también hay otra sustancia con mala fama histórica que ahora reaparece en artículos científicos, aunque por razones muy distintas. Un estudio publicado en Advanced Science (se puede leer en este enlace en inglés) siguió durante 22 meses a ratones que bebían agua con nicotina purificada y observó que, al llegar a viejos, mantenían mejor la movilidad que los del grupo de control. En pruebas de equilibrio y coordinación, los animales tratados rindieron mejor, especialmente con la dosis más alta, y los autores no detectaron daños evidentes en los órganos analizados en esas condiciones.

El propio trabajo explica la diferencia clave, y es que aquí no hay combustión, ni alquitrán, ni monóxido de carbono, ni el cóctel de sustancias del humo del cigarrillo que convierte al tabaco en un problema sanitario masivo. Los investigadores plantean una posible explicación ligada al metabolismo y al “eje intestino-músculo”.

La nicotina habría contribuido a mantener más estable la microbiota con la edad y a modificar ciertas grasas de membrana que actúan como “mensajeros” internos, favoreciendo un estado energético más eficiente en el músculo. La señal, en todo caso, apunta sobre todo al envejecimiento físico, ya que en pruebas sencillas de memoria, el deterioro cognitivo no se corrigió de forma clara.

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