La falta de mano de obra en la construcción es algo evidente y algo que el propio sector reconoce. Esto es así, ya que cada vez hay menos jóvenes que quieren trabajar en esta profesión, por lo que muchas obras salen adelante gracias a los trabajadores que llegaron desde Latinoamérica en busca de estabilidad y mejores salarios.
Uno de ellos es Albino, albañil boliviano de 42 años, quien junto a otros albañiles de uno de los últimos vídeos del canal de Adrián G. Martín. En la entrevista, realizada directamente en una obra, habla con franqueza sobre su experiencia, el sueldo real en el sector y las grandes diferencias entre trabajar en España y hacerlo en su país de origen.
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Albino no llegó ayer a la construcción. Empezó a los 25 años y suma ya casi 20 años en el oficio, seis de ellas en España. “Media vida”, como reconoce él mismo. Un recorrido que refleja el de muchos profesionales que han tenido que adaptarse a nuevas técnicas, materiales y ritmos de trabajo para salir adelante.
De cobrar 400 euros a ganar 1.300 en España
El salario es uno de los momentos clave de la entrevista. Frente a la idea extendida de que en la obra se gana mucho dinero, Albino baja el debate a la realidad actual. Preguntado directamente por el sueldo de un albañil en España, responde sin rodeos que “unos 1.300 o 1.400 euros”.
Se trata de un salario correspondiente a un trabajador con experiencia, jornada completa de lunes a viernes y ocho horas diarias. La comparación con Bolivia es inevitable. “Allí en mi país, hablando de euros, por ahora unos 400”, relata.
La diferencia es clara, pues en España triplica sus ingresos haciendo el mismo trabajo. Ahora bien, el dinero no lo es todo. Cuando se le pregunta si considera que están bien pagados, Albino es contundente. El sueldo no compensa del todo el riesgo ni el desgaste físico que implica la profesión.
A sus 42 años sigue trabajando a pie de obra, pero admite que el cuerpo pasa factura. Jornadas largas, esfuerzo continuo y un oficio donde las lesiones y el cansancio forman parte del día a día.
Más materiales, más exigencia y más aprendizaje
Más allá del salario, Albino destaca otro choque importante al llegar a España: la diferencia técnica. La construcción aquí está mucho más profesionalizada y exige dominar una gran variedad de materiales.
“Las diferencias principales son los materiales”, explica. “En Bolivia tenemos solo una clase de yeso y aquí hay muchas. El cemento también; allí es uno y aquí hay cemento rápido, cemento normal, morteros de todo tipo…”.
Esta diversidad, que suele depender del presupuesto del promotor o “de lo que el dueño se quiera gastar”, obliga a los albañiles que vienen de fuera a aprender rápido y adaptarse a un entorno mucho más complejo que el que conocían.
Albino recuerda sus inicios en Bolivia con cierta nostalgia. Fue un primo quien le enseñó el oficio desde cero, empezando por el ladrillo. “Decía que el ladrillo es solo mover un poquito la mano”, cuenta. De ese aprendizaje básico en el campo a trabajar en obras españolas hay un salto enorme que ha tenido que salvar con experiencia y esfuerzo.
Un sector sostenido por trabajadores extranjeros
La entrevista deja una conclusión clara: sin mano de obra extranjera, muchas obras en España no saldrían adelante. Mientras los jóvenes locales rechazan un trabajo duro y físicamente exigente, son los trabajadores que llegan de fuera quienes mantienen el sector en funcionamiento.
Albino no oculta las dificultades, pero tampoco la satisfacción que le produce su oficio. “Me gusta casi todo: el ladrillo, el atarracado y el yeso”, afirma. Para él, la clave está en crear algo con las manos y ver el resultado final.
Cuando el trabajo está bien hecho, queda para siempre. Una idea que resume su visión de la construcción: “Cuando ya sabes trabajar y ves los trabajos que tú has hecho, dices ‘coño, esto lo he hecho yo’. Esta casa perdurará en el tiempo. Yo me moriré y esto seguirá aquí”.