Durante décadas nos han enseñado que reducir las emisiones de carbono es la llave para detener el deshielo polar. Pero la ciencia más reciente ha demostrado que cierta cantidad de pérdida es ya innegociable. De hecho, aunque detuviéramos hoy mismo todas las emisiones, Groenlandia ya ha firmado un contrato con la física que no se puede cancelar. Un estudio llevado a cabo por el profesor Jason Box y publicado en Nature Climate Change explica y confirma que la capa de hielo ya está comprometida a perder un volumen que elevará el nivel del mar global en un mínimo de “27 centímetros”.
A pesar de los esfuerzos por mitigar el calentamiento, la capa de hielo ha acumulado un “desequilibrio climático” (un desfase entre el clima actual y el tamaño del hielo). Tanto es así que los glaciólogos advierten que ese hielo, técnicamente, ya pertenece al océano; solo está esperando a derretirse.
¿Por qué es inevitable este aumento?
La capa de hielo de Groenlandia se mantiene gracias a un equilibrio entre la nieve que cae en su superficie (ganancia) y el hielo que se pierde por el deshielo superficial y el desprendimiento de icebergs (pérdida). Pero este sistema ha entrado en números rojos de forma crónica. Según explican los datos satelitales de la misión GRACE y GRACE-FO de la NASA (se pueden consultar aquí los datos), Groenlandia ha perdido masa de forma consecutiva durante los últimos 28 años, arrojando una media de “264 gigatoneladas de hielo al año” entre 2002 y 2025.
Este fenómeno se debe a que la atmósfera se ha calentado más rápido de lo que el hielo puede adaptarse. Como explica el estudio de Box et al., la nieve ya no compensa la fusión. El hielo actual es una reliquia de un clima más frío que ya no existe; por lo tanto, debe encogerse hasta alcanzar un nuevo equilibrio con el clima cálido actual. Este hielo condenado a fundirse se conoce coloquialmente como “hielo zombi” (hielo que sigue unido a la capa principal, pero que ya no recibe reposición).
¿Cuándo veremos este cambio en los mapas?
Al igual que ocurre con la ralentización de la rotación terrestre, este no es un proceso que ocurrirá de la noche a la mañana, pero es implacable. Los “27 centímetros” son un mínimo absoluto calculado bajo las condiciones climáticas actuales, pero el escenario podría ser peor. Si las condiciones de deshielo extremo que vimos en años como 2012 se convierten en la norma, el estudio advierte que el aumento del nivel del mar comprometido podría dispararse hasta los “78 centímetros”.
Los datos más actuales del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) respaldan esta tendencia preocupante. En la temporada de deshielo que terminó en 2025, se observó que, aunque las nevadas estivales frenaron parte del deshielo superficial, el “desprendimiento de glaciares” aumentó, resultando en una pérdida neta de “105 gigatoneladas” en un solo año.
Entonces, ¿cuándo cambiarán nuestras costas? La respuesta es compleja (depende de la velocidad a la que se caliente el Ártico), pero la dirección es clara. Las observaciones de la NASA indican que las regiones costeras y de baja elevación de Groenlandia ya han experimentado una pérdida de espesor de más de “6 metros” en los últimos 20 años.
Es decir, aunque técnicamente el océano tardará décadas o siglos en reclamar esos 27 centímetros, el cheque ya está firmado. La inercia térmica del sistema climático garantiza que, hagamos lo que hagamos hoy, la geografía que conocemos tiene fecha de caducidad.