“A veces le guardo rencor”: su marido perdió el trabajo y se convierte en la única fuente de ingresos y la cuidadora principal de los niños

“Mis ingresos, que habrían sido suficientes para mantener a una familia de seis miembros en 1990, apenas alcanzan para llegar a fin de mes en 2026”, cuenta.

Una madre trabajando mientras que tiene que ocuparse de su hijo |Envato
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El nivel de vida se ha disparado en los últimos años. Y no solo en España. La cesta de la compra, el alquiler, la luz, el transporte o los gastos escolares pesan cada vez más en el presupuesto mensual de los hogares. Sin embargo, los salarios no han crecido al mismo ritmo, lo que ha provocado una pérdida progresiva de poder adquisitivo para miles de familias.

La situación se complica aún más para aquellos hogares en los que solo una persona trabaja, lidiando con la presión de cubrir todos los gastos con un único salario. Claire Gallam lo sabe bien, contando en primera persona para Business Insider cómo cambió su vida cuando despidieron a su marido.

“Cuando mi marido fue despedido el pasado mes de abril, no pudo ser en peor momento”, y es que, justamente ella, había perdido su trabajo un mes antes. “Pensé que todo iba bien porque él todavía tenía trabajo. Nuestra hija con necesidades especiales seguiría recibiendo terapia, seguíamos teniendo cobertura sanitaria y yo podía estar tranquila sabiendo que podíamos vivir cómodamente”, cuenta.

Todo cambió radicalmente cuando su marido llegó y le comunicó que también había sido despedido. “Nos convertimos en un hogar sin ingresos en medio de una economía en la que la inflación está en su nivel más alto”, relata, al tiempo que agrega que, desde el principio, supo que tenía que encontrar trabajo cuanto antes. Y así fue, aunque solo en su caso: “Conseguí un trabajo (dos, en realidad) y mantuve la esperanza de que él encontrara un nuevo empleo más pronto que tarde. Sin embargo, aquí estamos, casi un año después, en la misma situación”.

Sostén de la familia dentro y fuera de la casa

Claire cuenta que se dio cuenta realmente de lo mal que estaban económicamente cuando vio la carta de Navidad de su hija de 7 años. “Mis ingresos, que habrían sido suficientes para mantener a una familia de seis miembros en 1990, apenas alcanzan para llegar a fin de mes en 2026”, lamenta al citado medio.

Bajo esta presión, confiesa que no se sentía cómoda de contar todo lo que pensaba en voz alta, pero que no paraba de sentirlo en su cuerpo, como la opresión en el pecho o la imposibilidad de dormir. Los gastos resultaron ser abrumadores, recortando lo máximo posible la compra. “Lo peor es lo rápido que puedes empezar a sentir que estás fracasando solo por llevar una vida normal”, manifiesta frustrada.

“Cuando se vive en un hogar con dos ingresos, se olvida lo fácil que es la vida con dinero. Hay más margen para gastos inesperados y momentos difíciles. Con un solo ingreso, todo parece más precario. Aunque técnicamente estés ‘bien’, puedes sentir lo rápido que eso puede cambiar”, agrega al respecto.

Una carga aun mayor porque, en su caso, además de ser el único sostén económico, también recaía sobre ellas toda la carga de cuidados y del hogar: “Por muy estresante que fuera ser la única fuente de ingresos, lo que me derrumbó fue darme cuenta de que seguía siendo la cuidadora  por defecto y también la encargada de las tareas domésticas”.

“Los correos electrónicos del colegio seguían llegando a mí. Tenía que acordarme de concertar las citas con el médico y el dentista. Sabía que se nos había acabado el detergente para la ropa. Tenía que cargar y descargar el lavavajillas, hacer las camas y cambiar las sábanas”, cuenta.

“Odio admitirlo, pero a veces sentía resentimiento hacia mi marido”

Claire reconoce que buscar trabajo es “un trabajo de verdad”, que requiere mucho tiempo y puede ser emocionalmente duro, por la sensación de rechazo y frustración que se puede experimentar a lo largo de la búsqueda. Pero, a pesar de ello, no podía evitar sentirse cansada por todo lo que estaba soportando: “hay un agotamiento particular que proviene de ser responsable de la estabilidad financiera y emocional de todos, mientras se espera que mantenga la nevera llena y la vida de mi hija según lo previsto”.

Una situación que la llevó al límite: “Odio admitirlo, pero a veces sentía resentimiento hacia mi marido. Le guardaba rencor por poder pasar horas sentado frente al ordenador reescribiendo su currículum (o jugando a videojuegos, seamos sinceros) mientras yo intentaba concentrarme en el trabajo, llevar la casa y evitar que nuestra hija notara la tensión”.

Esos sentimientos le hacían sentirse culpable y empezron a afectar a la relación, confesando que, por la noche, cuando estaban solos en el sofá, se daba cuenta de que cada vez se estaban distanciando más: “no porque no nos quisiéramos, sino porque el estrés cambia las relaciones”.

Cambiar de roles y pedir ayuda

En esta situación, Claire decidió hablar con su marido para decirle que debía esforzarse más en casa. “Fue lo más difícil para mí, expresarlo sin que sonara acusatorio. Porque no es que él no estuviera haciendo nada. Es que yo no podía seguir siendo responsable de todo en nuestra casa. No solo me estaba afectando a mí, sino que también estaba afectando a mi trabajo”, explica.

Afortunadamente, su marido está ayudando más, sacando Claire una lección muy clara de todo ello: “Cuando te conviertes en un hogar con un solo ingreso, no solo pierdes un sueldo. Pierdes esa parte de ti que podía disfrutar de las pequeñas cosas de la vida que hacían que mereciera la pena convivir en una época tan difícil”.

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