La longevidad no es una meta que se pueda perseguir con suplementos o inyecciones, sino que es un resultado biológico influenciado por el entorno que obliga a tomar decisiones saludables de manera inconsciente. Así lo defiende Dan Buettner, investigador de National Geographic y fundador del proyecto de las ‘Zonas Azules’, quien ha revelado en el podcast ZOE las claves de aquellas regiones donde la población supera con creces la esperanza de vida media. Según Buettner, el éxito reside en una combinación de factores que van desde un ayuno nocturno de al menos 12 horas hasta un desayuno contundente y, sobre todo, salado.
Las regiones analizadas fueron Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Loma Linda (California) y la península de Nicoya (Costa Rica), y todas comparten un patrón alimentario que el experto define en el podcast como “comida de campesinos”. Mientras que en occidente predomina una obsesión por la proteína animal, en estas zonas el consumo de carne es irrisorio, de tan solo 10 kilogramos al año por persona, frente a los más de 110 que se consumen de media en Estados Unidos, por ejemplo.
El pilar de su dieta es la combinación de cereales integrales y legumbres, que proporcionan un perfil completo de aminoácidos y una alta dosis de fibra.
El desayuno como motor circadiano
Uno de los hallazgos más relevantes compartidos en su intervención es la importancia de sincronizar la ingesta con los ritmos circadianos. Sobre el ayuno intermitente, Buettner afirma que “la mayoría de los datos sugieren que 12 horas es el mínimo”. Esto implica que si la cena termina a las ocho de la tarde, la primera comida no debe producirse antes de las ocho de la mañana. Sin embargo, en zonas como Loma Linda, el patrón se desplaza hacia un desayuno tardío, casi un brunch, a las diez de la mañana, seguido de una comida ligera a media tarde, eliminando la cena convencional.
A diferencia del modelo industrial de cereales azucarados, el desayuno en las ‘zonas azules’ es salado. En Cerdeña, consiste habitualmente en una sopa minestrone con verduras y legumbres, en Costa Rica desayunan arroz con frijoles y aguacate y en Icaria, desayunan aceitunas, pan de masa madre y queso feta. “No toman cereales con leche, batidos o huevos con beicon”, sentencia el investigador.
El entorno frente al hábito
Buettner se muestra crítico con los llamados trucos de longetividad, como los cambios de plasma o las terapias con células madre. Para él, vivir más tiempo no depende de seguir una disciplina estricta, sino del entorno en el que vives. “La longevidad es mucho mejor si se consigue de forma natural que si se persigue”, explica, señalando que es necesario “cambiar tu entorno” para que las decisiones inconscientes sean mejores.
Los datos manejados en el podcast indican que cambiar una dieta típica occidental por otra basada en alimentos naturales puede alargar la vida hasta 12 años en hombres y 10 en mujeres, si se empieza a los 20 años. Incluso en edades avanzadas, como a los 80 años, mejorar la alimentación puede aportar hasta tres años más de vida con buena salud.
Al margen de lo que se come, Buettner destaca un rasgo psicológico común como la sociabilidad. “La gente gruñona no llega a los cien años”, afirma, destacando que las personas que viven muchos años suelen ser abiertas, curiosas y generosas, lo que les ayuda a conectar con los demás. Por el contrario, el aislamiento y la soledad pueden reducir la esperanza de vida.