Segundo mes del año y la misma película continúa: los españoles siguen sufriendo el precio del alquiler que no llegan a cubrirlos con sus salarios y la meta de independizarse con una vivienda propia queda cada vez más lejana.
De acuerdo a los últimos años, el metro de alquiler en el país se sitúa en tono a 15€/m2, con una subida interanual de 8,1%, según los datos de Idealista. En algunas capitales, como Barcelona o Madrid, el precio se dispara hasta rozar los 24 euros por metro cuadrado, marcando máximos históricos.
Mientras en la capital de España el metro cuadrado está en 23,1 euros, en Barcelona se mueve alrededor de los 24 euros. En comunidades como Castilla-La Mancha apenas llega a 8,4 euros/m2 y en Extremadura, la más barata del país, se sitúa en 7,3 euros el metro cuadrado.
Para un joven con sueldo medio, esto se traduce en un esfuerzo financiero extremo: casi la mitad de sus ingresos netos va a parar al alquiler, muy por encima del 30% que recomiendan los organismos oficiales para considerar una vivienda asequible.
“No quiero una ayuda de alquiler, quiero poder vivir”
Este escenario no es nuevo, es una situación que se viene arrastrando desde hace años y que, ahora, es considerada uno de los problemas sociales más importantes del Gobierno actual. Si uno sale a la calle se puede encontrar con cientos de casos como el de esta joven psicóloga española que, a través de Talent Match, ha confesado destinar más de la mitad de su salario en el alquiler en Valencia.
La mujer, quien lleva años intentando compaginar su trabajo con la presión del mercado inmobiliario, explica que se siente obligada en “no gastar dinero en mí”, ya que tiene que hacerlo para poder “sobrevivir constantemente”.
“Pago 700 euros por mi alquiler. Es la mitad de mi salario. Ahora voy a pedir la ayuda al alquiler porque es lo único que nos han ofrecido. A mí una ayuda de alquiler no es lo que quiero. Lo que quiero es poder vivir, y no sobrevivir”, explica.
Para ella, el gran problema no es solo el precio, sino el modelo de ocupación de las ciudades, sobretodo de los turistas: “No vienen y se van, sino que se convierten en nómadas digitales y se pone todo al precio de su país. A mí se me suben los costos y me empeoran las condiciones vitales”, señala.
Los datos confirman lo que explica la mujer: tan solo en lo que va de 2026, se calculan unos 300.000 nómadas digitales asentados en el país, mayoritariamente de Estados Unidos, Argentina y Reino Unido.
Soluciones "más baratas"
Ante alquileres que rozan o superan los 1.200 euros en Madrid o Barcelona, muchos españoles han renunciado al piso entero y se han instalado en el alquiler de habitaciones como una solución permanente, incluso con trabajos fijos y salarios medianos. Este modelo, pensado en su origen como transitorio, se ha convertido en la norma para buena parte de la ciudadanía, sin importar la edad.
El resultado es un retraso brutal de la emancipación: España sigue teniendo una de las edades de salida de casa más altas de Europa. Sin margen para ahorrar, la compra de vivienda se aleja aún más, y el alquiler se convierte en una especie de impuesto vitalicio para quienes no permitirse el ‘lujo’ de vivir solos.
Y a pesar de que el Gobierno ha mantenido el Bono Alquiler Joven, con una ayuda de hasta 250 euros mensuales durante dos años y ha lanzado el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, que incluye ayudas específicas para el alquiler con opción a compra; el problema es que, en la práctica, la falta de oferta pública y la burocracia limitan el impacto real de estas medidas.