Mientras la mayoría de los jóvenes de su edad se centran en los exámenes parciales, Pablo Díez, Mark Gómez y Gonzalo Otero, de 19 años, gestionan una logística que ya ha cruzado fronteras. Estos tres estudiantes de un grado de emprendimiento han convertido un proyecto de clase en una empresa: vasos de harina de avena, biodegradables y, lo más importante, comestibles.
Lo que comenzó con apenas 500 euros de facturación al mes, se ha disparado desde que comenzaron. “Desde septiembre de 2025 hemos crecido un 300% mensual”, confiesa Pablo a NoticiasTrabajo en una entrevista exclusiva. El objetivo es ambicioso: superar los 50.000 euros de facturación que tuvieron el primer año gracias, en parte, a la apertura de canales de distribución en Vietnam.
Del ‘puerta a puerta’ a un caso de éxito
El inicio no fue nada sencillo. En un mercado español donde la hostelería todavía se está adaptando a las normativas de sostenibilidad, estos jóvenes optaron por crear Cookie Cup, una empresa de vasos comestibles que ya se mueve por toda España.
Como parte de su estrategia comercial, durante los primeros meses del negocio, Pablo confiesa que se estuvieron “12 horas al día contactando por correo” buscando cafeterías donde pudieran promocionar su producto. Incluso, detalla que llegaron a enviar más de 10.000 correos con el sueño de encontrar una respuesta positiva.
El producto, que nace como una medida directa ante la crisis de los residuos, destaca por estar diseñado para la batalla: aguantan café a 75 grados durante 40 minutos, están hechos con harina de avena, son vegetarianos y con edulcorantes para reducir el azúcar. Además, pueden durar hasta 12 meses antes de que caduquen y tan solo el modelo clásico les aporta un 35% de beneficio real.
El éxito de estos jóvenes no es casualidad. En España, la Ley de Residuos y Suelos Contaminados ha impulsado una transformación radical en el sector de los hoteles, restaurantes y cafeterías. Según datos de la Comisión Europea, los productos de plástico de un solo uso representan el 70% de los residuos marinos en la Unión Europea. Proyectos como este se alinean con la Directiva (UE) 2019/904 que obliga a los estados miembros a reducir drásticamente el consumo de recipientes alimentarios de plásticos.
“Vendíamos agua en la calle para empezar”
La historia de su financiación es un ejemplo de bootstrapping o autofinanciación extrema. Antes de buscar inversores, se remangaron para conseguir el capital ellos mismos y sin ayuda de nadie.
“Financiamos el inicio con lo que íbamos ganando. Incluso salíamos a la calle a vender galletas o botellas de agua para reunir los mínimos para las primeras compras. Conseguimos unos 500 euros para empezar”, señala Pablo a NoticiasTrabajo.
Sin embargo, el crecimiento también trae nuevos problemas, especialmente en la logística. Los envíos fueron su mayor quebradero de cabeza: “Algunas empresas de transporte parece que juegan al fútbol con las cajas. A veces, perdíamos dinero porque abonábamos los vasos rotos al cliente”. Hoy, han profesionalizado el proceso enviando los pedidos en palés, reduciendo las roturas de 150 a apenas 15 vasos por envío.
“Hay que sacrificar vida”
Liderar una empresa con 19 años exige una madurez prematura. Pablo y sus compañeros son un ejemplo muy claro de ello. Al menos, el entrevistado afirma que cada día se levanta a las seis de la mañana y dedica el 95% de su tiempo al proyecto. El objetivo no es solo facturar, sino cambiar un hábito de consumo.
“No tenemos techo. Queremos que dejen de existir los vasos de plástico desechables y hacer ver al mundo que nuestra solución beneficia al planeta y al individuo. Somos pioneros en España”, confiesa.
Pese a que el camino es solitario a veces porque “se pierde gente y hay que sacrificar vida social”, estos tres amigos tienen claro que su oficina ahora es el mundo real.