Buscar el primer trabajo es entrar en un laberinto de miedos e incertidumbres constantes. Los jóvenes se enfrentan a ofertas de todo tipo, siendo la más común aquellas que piden más de dos años de experiencia solo para prácticas o para contratos precarios que dan la sensación de que cualquier error puede costarles el puesto.
La inseguridad laboral se mezcla con la presión económica y una competencia que no para de crecer. “Sabía que sería difícil, pero no imaginé que sería tan duro”, confiesa María, una joven que, tras graduarse de Publicidad y Marketing se puso a buscar trabajo “como loca”, como miles de jóvenes en su misma situación que buscan solo una oportunidad.
“Me dijeron que era perfecta para el puesto”
Tras varios correos electrónicos a diversas empresas, una le respondió pidiéndole una entrevista. “Les dije que no tenía experiencia y les pareció bien. Me dijeron que era perfecta para el puesto”, explica en sus redes sociales. Y aunque les repitió varias veces más que no tenía la formación suficiente, “me dijeron que lo importante era ser buena persona”. Dos días después tuvo una entrevista más, esta vez presencial, en donde quedó contratada finalmente.
El primer día en la oficina fue un shock total. “Nadie me hacía caso, no me formaron. Me enseñaron cuatro cosas por encima y comencé a tener errores”, dice. Aunque confiesa que intentó no culparse porque “nadie me había enseñado a hacerlo”, procuró “aguantar” por el sueldo y la experiencia.
Sin embargo, pasaron los días y su jefe la llamó a una reunión. “Me dijo que no había pasado el periodo de prueba, que no era mi culpa, que necesitaban a alguien con experiencia. Yo les avisé 1.000 veces de que no tenía experiencia. Él me admitió, en ningún momento mentí en mi currículum”, sentencia.
Los despidos en los jóvenes
Para jóvenes como María, el miedo a ser despedidos es constante. “Después de este despido, perdí toda la fe de que otra empresa me contrate”, confiesa.
Y es que los datos no mienten. El 50% de los despidos que ocurren en España son injustificados. Cada año, unos 250.000 trabajadores ven cómo su salida de la empresa es reconocida como improcedente, ya sea por falta de causas reales o por errores en el proceso.