Después de dos décadas encadenando contratos temporales, Lorena González, enfermera, logró lo que parecía imposible: una plaza fija en el sistema público de salud.
Pero la alegría se endurece un poco. Lo que debía ser un final feliz, terminó convirtiéndose en una muestra más de la precariedad que atraviesa la sanidad española.
“Me pagan poco más de 200 euros por estar diez horas de pie y cuidando yo sola a 20 pacientes”, confiesa muy enfadada ante el público de La Sexta Xplica.
Su salario base apenas alcanza los 900 euros, y aunque recibe complementos por trabajar noches, fines de semana y festivos, no llega a fin de mes tan holgada como le gustaría, ya que recibe un sueldo de 1.100 euros.
Faltan manos: “Estamos al límite”
La imagen de hospitales y residencias saturados no es solo una consecuencia de la pandemia: es el día a día de miles de enfermeras. El testimonio de Lorena pone rostro a una carencia que se viene arrastrando de hace tiempo: “Estamos al límite”, afirma la mujer.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España cuenta con unas 6 enfermeras por cada 1.000 habitantes, mientras que la media europea supera las 9.
El Consejo General de Enfermería alerta de que haría falta al menos 130.000 profesionales para alcanzar el nivel mínimo recomendado. El déficit de personal no solo repercute en las condiciones laborales, sino también en la atención al paciente.
Un sistema al borde del colapso
La feminización del sector sanitario, más del 60% de las enfermeras son mujeres, añade otro elemento de desigualdad: trabajos esenciales, mal pagados y con horarios incompatibles con la vida familiar.
Mientras tanto, la brecha respecto a otros países europeos sigue creciendo. En Alemania o Francia, el sueldo medio de una enfermera duplica al de España, lo que explica también una fuga de profesionales, sobre todo de jóvenes recién titulados que buscan mejores oportunidades en el extranjero.