Al llegar a España, muchos inmigrantes encuentran trabajo en sectores como la construcción, la limpieza o el cuidado de mayores. Aunque son empleos esenciales, por las condiciones que conllevan en muchos casos, se consideran uno de los más precarios.
Según datos del Ministerio de inclusión, Seguridad Social y Migraciones, más del 55% de las personas empleadas en el hogar son extranjeras, y alrededor de 70.000 trabajan sin contrato o papeles en regla.
A pesar de ser trabajos imprescindibles para el día a día, muchas veces se realizan en condiciones irregulares y con escasa protección laboral.
“Di todo de mí, lamento que no haya sido suficiente”
Elibeth llegó a España desde Perú con la esperanza de empezar de nuevo. En poco tiempo consiguió empleo como limpiadora en una vivienda de cuatro plantas en Barcelona. “Estuve dos años haciendo limpieza en una casa. Cuando entré fui honesta con mi jefa y dije que no tenía experiencia como tal, pero tengo criterio y ganas de trabajar”, confiesa en sus redes sociales.
Durante meses trabajó sin descanso y tratando de demostrar su compromiso constantemente: “La casa donde trabajaba era super grande y solo yo trabajaba ahí. Eran ocho horas, de lunes a viernes y trataba de programarme al comienzo del día para limpiar lo más que pudiera. Corría todo el día”, relata.
La presión era constante y las exigencias, muchas. “Mi jefa se iba a la piscina y pasaba el dedo por el suelo para ver si había polvo. Me decía que cuando se limpia bien, tiene que durar. Yo solo respiraba al escucharla”, recuerda.
“Me dijeron que me faltaba experiencia”
Después de dos años de trabajo, una lumbalgia la obligó a bajar el ritmo. Una mañana, su empleadora le presentó a otra mujer que, supuestamente, iba a trabajar en otra de sus casas. Días después, la invitó a tomar un té y la despidió.
“Me dijo: ”Yo sé que no tienes experiencia, y se nota. Te veo muy cansada y es mejor darle oportunidad a otra chica que sí la tiene", cuenta la mujer. El golpe fue duro: “Le di las gracias por la oportunidad. Yo di todo de mí y lamento que no haya sido suficiente”.
Aunque no tenía contrato formal, su jefa le abonó la liquidación y las vacaciones “por ley”, como le dijo. “Me pagó todo, pero no quiso darme carta de recomendación”, lamenta.
“No he denunciado, pero sé que hago un buen trabajo”
El de Elibeth no es el único caso. El empleo doméstico en España está formado mayoritariamente por mujeres, gran parte migrantes, y muchos sin derechos laborales plenos. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 73% de las trabajadores domésticas carece de acceso a subsidios por desempleo o jubilación, sin contar que una gran parte trabaja sin contrato, lo que las deja completamente expuestas a despidos o abusos.
Aun así, son quienes sostienen gran parte del sistema de cuidados en el país: limpian hogares, preparan comidas, cuidan de los adultos mayores y garantizan que miles de familias puedan trabajar sin preocupaciones.
Aunque el despido de Elibeth podría haber sido denunciado, ella eligió no hacerlo: “No denuncié, pero sí me dieron un pago de liquidación”, explica finalmente la trabajadora.