Mientras el precio de la vivienda sigue disparado y los pisos son cada vez más pequeños, un sector ha encontrado hueco en el mercado: los trasteros. Sin grandes campañas ni mucha publicidad, este negocio se ha convertido en una fórmula exitosa para conseguir una alta rentabilidad.
Según datos del sector, el mercado de trasteros en España crece cada año hasta un 15% desde hace cinco años, impulsado por la falta de espacio en las grandes ciudades y por la búsqueda de inversiones seguras que corren en estos tiempos. En zonas densamente pobladas como Madrid o Barcelona, cada metro cuadrado vale oro.
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“Guardamos más cosas que nunca”
“El hecho de que haya más demanda, va a hacer que el precio del trastero sea más caro, por mucho que sea de banco”, explica Bárbara a @Ingenioinversor. Esta española es dueña de 47 trasteros, de los que, según detalla, “están todos alquilados”.
“He llegado a tener 50 trasteros. Ahora tengo 47. Algunos los vendí porque surgió la oportunidad”, comenta. Lo suyo, dice, no fueron contactos ni chivatazos, sino que “todos los trasteros los he localizado en portales inmobiliarios”.
La mayoría son pequeños, de cinco o seis metros cuadrados, y están ubicados en municipios de tamaño medio alrededor de grandes ciudades. “He invertido en localidades grandes y pequeñas, y están todos alquilados. La gente tiene muchas cosas que guardar”.
Pocos metros para una alta rentabilidad
Tal y como detalla, la rentabilidad “es lo que manda”. Y no se equivoca, los números impresionan. “Un trastero que me costó 1.000 o 1.200 euros lo alquilo por 50 o 60 euros al mes. Eso es una rentabilidad bruta del 55%, que neta se queda en torno al 30%”, señala.
En el caso de los más baratos, los márgenes son aún mayores. “Compré trasteros por 500 euros que alquilo por 35 euros. Ahí saco un 84% de rentabilidad bruta. Después de impuestos, un 69%”.
En comparación, el alquiler tradicional de viviendas difícilmente supera un 5% anual en ciudades grandes. El secreto de esta rentabilidad, dice, es la combinación de baja inversión, gasto mínimo y alta demanda.
“El mantenimiento de un trastero es escaso o nulo. Pago entre 10 y 20 euros de IBI por cada uno y 3 y 5 euros al mes de comunidad. Los gastos son ridículos. Lo más que tienes que hacer es cambiar una bombilla”, dice.
Lejos de lo que se pueda pensar, el modelo de Bárbara representa una tendencia que crece cada día mas. Hoy, con el poco espacio que ofrecen los pisos de alquiler, los trasteros se han convertido en la solución.