Miguel Ángel Gallo (90 años) se gradúa en Bellas Artes: “A los 82 años agarré un pincel y una caja de pinturas, y me hice un lío tremendo"

Doctor en ingeniería industrial y profesor emérito, ha cumplido su sueño de estudiar Arte.

Miguel Ángel Gallo y unos universitarios con el diploma en manos |Canva \ La Vanguardia
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“Nunca es tarde” dirán todos los universitarios que compartieron clase con Miguel Ángel Gallo, un jubilado que consiguió graduarse en Bellas Artes por la Universitat de Barcelona a los 90 años, después de 7 cursos académicos. Pero por si fuera poco, no es la primera vez que este jubilado pisaba la universidad, ya que es doctor en ingeniería industrial y profesor emérito del IESE, la escuela de dirección de empresas de la Universidad de Navarra.

A su impresionante trayectoria solo le faltaba una cosa y no es otra que aprender a pintar. Un sueño al que llegó casi de casualidad. “Yo nunca había pintado, pero a los 82 años agarré un pincel, una caja de pinturas y me puse a pintar. Y me hice un lío, un lío tan grande que dije: se acabó, me voy a la Facultad de Bellas Artes para que me enseñen”, recuerda en una entrevista con La Vanguardia.

No era ninguna broma ni una idea pasajera y lo demostró rellenando su matrícula y empezando una nueva etapa universitaria que duró más de 7 años.

“Ha sido lo más fácil y lo más agradable”

Miguel Ángel reconoce que su paso por la facultad ha sido una experiencia profundamente enriquecedora. “Ha sido lo más fácil de todo, lo más agradable. Desde el primer momento estaban decididos a ayudarme y así lo hicieron”, explica sobre sus compañeros y profesores.

La edad en realidad le ayudó a relacionarse con el resto de estudiantes, en lugar de ser una barrera como muchos podrían pensar. Aunque admite que su sordera le dificultaba seguir algunas clases. “Cuando no oía en clase, le preguntaba a Ana: ¿qué ha dicho? Y ella me lo decía; alguna vez hasta me lo escribía”, recuerda con cariño. Siempre encontró el apoyo de sus compañeros. Incluso recibía mensajes de WhatsApp para recordarle trabajos que tenía que entregar o hasta para explicarle detalles que se le hubieran podido escapar.

Pero no todo era recibir ayuda. También aportaba experiencia y serenidad. Una de sus compañeras recuerda que su presencia fue un regalo inesperado: “Yo siempre decía a mis amigas que tenía un señor en mi facultad que me aportaba mucha tranquilidad. Me daba referentes, su opinión… me ha enriquecido mucho a nivel de conocimiento”.

Entre tantos jóvenes con vidas tan aceleradas, Miguel Ángel ponía la calma. “Es mi primera carrera universitaria y yo iba muy acelerada”, cuenta otra compañera. “Él me decía: tranquila, no pasa nada, todo a su tiempo”.

No solo eso, además era de los que no se callaba en clase cuando nadie se atrevía a intervenir. “Cuando algún profesor hacía una pregunta y nadie se atrevía a hablar, el que levantaba la mano era yo. El que rompía el fuego en clase era yo”, afirma con una sonrisa.

Todo el auditorio en pie para homenajearlo

El esfuerzo tuvo su recompensa. Tras siete años de estudio, trabajos y exposiciones, Miguel Ángel Gallo acudió a su ceremonia de graduación. Cuando subió a recoger el diploma, el auditorio se puso en pie para dedicarle una ovación cerrada.

A sus 90 años, este ingeniero y profesor demuestra que la jubilación no es un punto final, sino, en muchos casos, una oportunidad para retomar sueños aparcados. Su historia es también un mensaje para quienes dudan si empezar algo nuevo por la edad.

Porque, como él mismo ha demostrado, nunca es tarde para aprender. Ni siquiera para empezar de cero con un pincel en la mano.

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