Las disputas familiares por las herencias y la partición de bienes no siempre se resuelven de forma amistosa y acaban en los tribunales, incluso cuando se trata de padres e hijos. Ese es el caso de Lucía, una mujer que, con casi 100 años, se enfrenta al desalojo de la casa que ella misma construyó hace más de 40 años por un conflicto con su propio hijo, que ahora es el propietario legal de la vivienda.
Durante su juventud, esta mujer casi centenaria alquiló un terreno y consiguió un permiso para edificarlo, terminando de construir la casa en el año 1983. Desde entonces, según informan medios como Figaro Inmobilier o Guadalupe La 1ère, la cuidó pensando en pasar ahí sus años de jubilación y no ser una carga para sus hijos.
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Como el terreno era alquilado, firmó con el propietario un contrato preliminar de compraventa para que el terreno pasara a ser suyo de forma definitiva. Sin embargo, los procedimientos administrativos para la recalificación del terreno y la formalización de la titularidad nunca se completaron.
El terreno se vendió a otra persona que resultó ser su hijo
Confiada en que todo se resolvería, la anciana continuó con su vida, pero años después descubrió que el terreno se había vendido y que el comprador había sido su propio hijo.
En vez de mantener a su madre en la casa o buscar una solución que respetara las décadas de trabajo que ella había puesto en la propiedad, el hijo decidió que la transacción se hiciera a su nombre. A partir de ese momento, la vivienda se convirtió en un conflicto familiar.
Antes incluso de plantear un desalojo, su hijo intentó otros caminos para obtener el control sobre su madre y sus decisiones. En un primer momento, trató de ponerla bajo tutela, una medida legal que, de haberse aprobado, le habría otorgado amplios poderes sobre su vida y su patrimonio.
Como la anciana se encontraba en buenas condiciones mentales y la propuesta no salió adelante, optó por solicitar el desalojo, pidiendo que su madre abandonara la casa que había construido y en la que había vivido durante décadas, sin ofrecerle ningún tipo de compensación por la construcción. Llegó incluso a exigir que su madre pagara alquiler por ocupar la propiedad que él había adquirido.
Tras años de enfrentamientos legales y procesos judiciales, la justicia emitió su veredicto, como la titularidad legal del terreno estaba a nombre del hijo, tenía derecho a disponer de la propiedad, y por este motivo se ordenó el desalojo de la centenaria.
La sentencia también estableció que sería necesario el examen de expertos para analizar con detalle los derechos de todas las partes en este asunto, pero no impidió la orden de desalojo en sí.