Gonzalo Bernardos, economista: “El pensionista se merece cobrar 12 años por lo que paga y, sin embargo, percibe 21,7 años”

El experto económico da la vuelta a la tortilla en el tema de las pensiones españolas.

Gonzalo Bernardos, economista: “El pensionista se merece cobrar 12 años por lo que paga y, sin embargo, percibe 21,7 años” |Youtube (Monopoly Inmobiliario)
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Uno de los mayores retos que tiene España de cara al futuro es la sostenibilidad de su sistema de pensiones. Quizás junto a la vivienda es uno de los temas que más preocupan a los españoles y que mayor incertidumbre generan. Es por eso que muchos expertos económicos están saliendo al paso con el fin de explicar si las pensiones actuales que tenemos en España son sostenibles en el tiempo o no.

Es el caso de Gonzalo Bernardos, economista y profesor de la Universidad de Barcelona, que ha querido dar su opinión sobre un tema al que califica, para asombro de todos, como “una mágica inversión”. No es la primera vez que Bernardos habla de pensiones y sus palabras sorprenden a todos. El economista apoya su visión, que lanzó a través de su perfil social X, con un dato importante: el sistema público de pensiones tiene una rentabilidad del 74 por ciento, nada más y nada menos.

A la vez que buena parte de los inversores centra su atención en las fluctuaciones bursátiles, sin dejar de mirar el precio de activos estratégicos como el oro o las criptomonedas, Bernardos ha optado por fijarse en una alternativa tradicional que muchos daban por amortizada: el sistema público de pensiones. Su planteamiento choca con lo que piensa la mayoría, ya que casi todo el mundo ve las pensiones como sinónimo de desequilibrio financiero, riesgo e incertidumbre.

El sistema de pensiones presenta una rentabilidad del 74% 

De acuerdo con cifras del Banco de España a las que alude el propio Bernardos, la rentabilidad de las cotizaciones sociales alcanza el 74%. Esto implica que un trabajador medio recibe durante su jubilación un 74% más de lo que ha aportado a lo largo de su trayectoria profesional. Como él mismo señala: “El pensionista se merece cobrar 12 años por lo que paga y, sin embargo, percibe 21,7 años”. Para el economista, lejos de tratarse de una distorsión que amenace la sostenibilidad del sistema, este desfase es una prueba del éxito del modelo redistributivo y un argumento sólido para confiar en él.

El escenario actual, además, no solo respalda esta visión, sino que la refuerza. En 2025, las pensiones contributivas se revalorizarán un 2,8%, lo que supondrá unos 600 euros adicionales al año para quienes cobran una pensión media. Las pensiones mínimas aumentarán un 6%, mientras que las no contributivas, que van para quienes no han cotizado lo suficiente, lo harán un 9%, garantizando unos ingresos anuales de 7.910 euros. En un contexto de inflación contenida, estas subidas representan una ganancia real de poder adquisitivo.

A ello se añade una modificación normativa menos visible, pero con un potencial impacto significativo: los titulares de planes de pensiones contratados hace más de una década ya pueden rescatarlos sin esperar a la jubilación. Este cambio, aparentemente técnico, ha llevado a numerosos ahorradores a reconsiderar los planes de pensiones como una opción de liquidez y rentabilidad a medio plazo.

También influye la subida progresiva de la edad legal de jubilación, que en 2025 queda fijada en 65 años para quienes hayan cotizado al menos 38 años y tres meses, y en 66 años y ocho meses para quienes no alcancen ese periodo. Aunque esta medida suele percibirse como una penalización, Bernardos subraya que retrasar la jubilación puede traducirse en un incremento notable de la pensión, de hasta 12.000 euros en determinados supuestos. Desde su perspectiva, más que un sacrificio, es una decisión estratégica.

Las pensiones públicas son una “inversión mágica”

Más allá del análisis puramente técnico, el economista también ha querido cuestionar algunos lugares comunes. En sus redes sociales lanzó una pregunta directa y provocadora: “¿Son las pensiones públicas una estafa piramidal?”. Y respondió sin titubeos: “Todo lo contrario. Son una mágica inversión”. El calificativo “mágica” no es casual, sino una forma de desafiar la creencia, extendida en ciertos ámbitos, de que el sistema de pensiones es inviable o condenado al colapso.

Como era de esperar, sus palabras han generado polémica. Bernardos se ha consolidado en los últimos años como una de las voces más reconocidas (y controvertidas) del análisis económico en España. Su habilidad para traducir conceptos complejos a un lenguaje claro y directo le ha dado una gran proyección como divulgador, pero también lo ha situado en el punto de mira de quienes prefieren no cuestionar determinados consensos.

En un país donde las pensiones son uno de los pilares del Estado del bienestar y una fuente esencial de ingresos para millones de personas, defenderlas como una forma de inversión resulta, como mínimo, provocador. Al mismo tiempo, introduce una mirada distinta: la de entenderlas no solo como un derecho consolidado, sino también como un mecanismo de rentabilidad social y económica.

Para muchos ciudadanos, especialmente entre las generaciones más jóvenes, la pensión ha dejado de percibirse como una garantía. Los mensajes que alertan sobre su posible quiebra o desaparición han calado profundamente. Sin embargo, el planteamiento de Bernardos invita a moderar ese pesimismo: al menos en la actualidad, el sistema sigue ofreciendo mejores resultados de lo que suele creerse. Y mientras se debate sobre su futuro, quizá convenga no minusvalorar su presente.

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