En España, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, busca reducir la jornada laboral a las 37,5 horas, pero un muro político y empresarial se lo está poniendo difícil. Ahora, si miramos a nuestros vecinos de la Unión Europea, vemos que reducir las horas de trabajo puede no ser tan mala idea si somos más productivos. Este es el ejemplo de Países Bajos, que no ha necesitado imponer la semana laboral de cuatro días, pero que lidera en Europa una jornada media que apenas roza las 32,2 horas semanales.
El país lo hace derribando el gran mito macroeconómico español, es decir, que reducir el tiempo de trabajo no implica precarizar los salarios ni hundir la competitividad. Su productividad por hora es abrumadoramente superior a la media comunitaria y su remuneración alcanza niveles con los que el mercado ibérico, lastrado por un inmovilismo crónico, solo puede soñar. En otras palabras, reducimos las horas de trabajo, mejoramos los salarios, pero debemos de ser más competitivos.
Cuando se habla del Santo Grial de la eficiencia laboral, el imaginario colectivo suele apuntar hacia motores industriales tradicionales como Alemania, pero, el mercado laboral neerlandés ha mutado casi sin darse cuenta hacia el auténtico paraíso de la flexiguridad. Según los datos oficiales más recientes de Eurostat correspondientes a 2024, la jornada real y efectiva en Países Bajos se consolida como la más baja de todo el continente, situándose en unas insólitas 32,1 horas semanales.
En la otra cara de la moneda encontramos a España, donde el empleo a tiempo completo real sigue arrastrando jornadas que sobrepasan con facilidad las 40 horas(aunque según Eurostat son 36,4 horas), y donde los trabajadores por cuenta propia sufren una carga que supera las 43 horas a la semana.
La diferencia esta en que los holandeses han despojado al trabajo a tiempo parcial de todo el estigma de la precariedad. Mientras que en el sur de Europa una jornada reducida suele ser un castigo en forma de subempleo indeseado, en Países Bajos es el estándar al que todos aspiran. Una inmensa parte de la población ocupada (más del 50% de las mujeres y alrededor de un 15% de los hombres) elige libremente trabajar en el umbral de las 32 horas. Esta cultura está blindada por un marco institucional donde los empleados, tras solo seis meses en su puesto, pueden exigir legalmente adaptar su calendario; recayendo sobre el empleador la titánica carga de justificar, por motivos de negocio extremadamente severos, por qué no debería conceder esa reducción.
Menos horas de oficina, sueldos mucho más abultados
El salario medio mensual bruto en los Países Bajos es de 3.875,00 euros frente al de España que esta fijado en los 2.531 euros mensuales, aunque el sueldo modal (el que percibe de forma más frecuente la inmensa mayoría de los ciudadanos) se encuentra estancado en apenas 15.575 euros brutos anuales, rozando el salario mínimo de subsistencia (aunque cabe decir que el nivel de vida también es más alto). Ahora ¿Cómo lo hacen para trabajar menos horas, ser más competitivos y tener un salario superior?
Según las métricas de la OCDE ajustadas por paridad de poder adquisitivo, la eficiencia laboral en Países Bajos genera 94,38 dólares de riqueza por cada hora trabajada. Por el contrario, España queda muy rezagada, rindiendo únicamente 73,42 dólares en ese mismo lapso temporal.
Esta rentabilidad neerlandesa es la que financia el coste de la reducción horaria. Las organizaciones en los Países Bajos se desenvuelven bajo jerarquías corporativas horizontales. Los directivos actúan como orientadores, el pernicioso "presencialismo" está completamente erradicado y el desafío a las ineficiencias desde abajo hacia arriba es constante. Al contar con jornadas más compactas, los trabajadores experimentan caídas drásticas en los niveles de estrés, lo que cataliza su concentración y dispara el rendimiento real durante el tiempo de trabajo.
Resumiendo, menos horas, siendo más eficientes, más productivos, pero haciéndolo con menos estrés, para estar más concentrados en lo que se hace.
La conciliación no se decreta, se cultiva.
Ahora, Países Bajos no ha implementado una "semana laboral de cuatro días" forzada por el Estado, de hecho, no lo han necesitado en absoluto. Su ecosistema empresarial ha asimilado de forma orgánica que priorizar el tiempo personal de la plantilla es la única estrategia válida para la retención del talento en el siglo XXI. La frontera psicológica entre la oficina y el hogar es inquebrantable; de hecho, responder un simple correo corporativo durante el fin de semana o fuera de horario es percibido como un grave fracaso de gestión.