A unos cuantos días del arranque de la campaña de la Renta 2025 se han vuelto a activar los temores de siempre, especialmente entre los trabajadores que perciben rentas más bajas. Sin embargo, lo que muchos ven como una “medida de prudencia” (el no presentar la declaración si no se está obligado), se ha convertido en un error fiscal de lo más común.
Según el abogado y asesor fiscal José Antonio Bernáldez, el pánico a que el resultado salga ‘a ingresar’ está provocando que cientos de españoles regalen su dinero a las arcas del Estado. “El miedo a Hacienda tiene un coste concreto y casi siempre lo paga el ciudadano”, así de tajante se muestra el experto en una entrevista a NoticiasTrabajo.
“Hacienda no te va a devolver ni un céntimo de lo que es tuyo”
Tal y como detalla, para muchos empleados que han tenido dos pagadores o que han cobrado el paro (SEPE), la diferencia entre presentar o no la declaración puede rondar los 600 u 800 euros.
Y es que esta cifra no es casualidad. Se trata del resultado de combinar retenciones mal aplicadas y beneficios fiscales que no se activan solos. “Si no mueves ficha, estas retenciones no se recuperan. Hacienda no te va a reclamar nada, pero tampoco te va a devolver ni un céntimo de lo que es tuyo”, sentencia.
El ‘castigo’ de tener dos pagadores
El sistema penaliza, en la práctica, la movilidad laboral. Cuando saltas de una empresa a otra o compaginas un empleo con el subsidio por desempleo y los pagadores no se comunican entre sí. Cada uno te retiene lo mínimo pensando que ese es tu único ingreso del año. Esto genera un desajuste técnico: al final del año, has ganado más de lo que cada empresa creía y, por lo tanto, te han retenido de menos.
De acuerdo al experto, el problema real no es “solo que tengas que declarar”, sino que a lo largo de esos meses, asegura, “nadie ha guardado lo suficiente”, por lo que al llegar junio “y se suma todo, llega el susto y sin tiempo para reaccionar”.
Bernáldez asegura que la solución es sencilla, pero que hay que tomarla antes de que acabe el año: “Pedirle a la empresa principal que aplique un tipo de retención más alto del que correspondería a su sueldo solo. Así, se tramita con una simple comunicación al pagador, sin más gestión", explica a este medio.
Está convencido de que el sistema “retiene bien con un solo pagador”; sin embargo, si se cuenta con más de dos, “no coordina y el trabajador acaba pagando las consecuencias de algo que no ha hecho mal".
La clave de los 340 euros y la letra pequeña
Para este ejercicio, la Ley 5/2025 ha introducido una deducción de hasta 340 euros en la cuota del IRPF pensada para aliviar a quienes cobran el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), situado en 16.574 euros anuales. Sin embargo, se recomienda tener cuidado.
- Solo para empleo activo: se aplica exclusivamente a sueldos de relaciones laborales.
- Excluye a pensionistas y parados: Ni las prestaciones del SEPE ni las pensiones computan para esta ayuda.
- No es un ‘cheque regalo’: se trata de una reducción de cuota. Si el impuesto ya es cero, no se dará dinero extra aunque sí ayuda a que devuelvan todo lo que se haya retenido durante el año.
Jubilados y la ‘trampa’ del borrador
Otro de los puntos más preocupantes son los jubilados. “Un pensionista que cobre menos del SMI no puede aplicarse esta deducción”, confiesa Bernáldez, quien alerta del peligro de rescatar ahorros: retirar apenas 2.000 euros de un plan de pensiones ya cuenta como segundo pagador y puede disparar la factura fiscal de forma inesperada.
“Lo que ha tardado décadas en acumularse se puede recortar a la mitad en un año por no haber planificado el momento ni la forma de rescate. La alternativa es rescatar en forma de renta a lo largo de varios años, tributando cada anualidad en tramos más bajos. La diferencia puede ser de decenas de miles de euros, y no tiene vuelta atrás”, sentencia el experto.
En cuanto al borrador, el asesor fiscal alerta que hacerlo desde el móvil “puede suponer perder un dinero que no es tuyo”. Antes de confirmar, recomienda revisar con lupa los datos del pagador, la deducción por SMI y, sobre todo, las deducciones automáticas.