Lejos de imaginar la jubilación como una etapa de descanso, Naomi Frisch decidió empezar de nuevo. A sus 77 años, esta mujer abrió su propia librería en plena pandemia de COVID-19 y, desde entonces, trabaja en ella los siete días de la semana sin percibir ningún sueldo.
Su historia comienza cuando la librería de su pareja cerró definitivamente. Tras retirarse, Frisch se encontró con “una gran cantidad de libros buenos, de segunda mano y antiguos” que acabaron almacenados sin un destino claro. Según explica en una entrevista concedida a la revista People, no quería que esos libros se perdieran.
Fue entonces cuando vio una oportunidad. En Smithdown Road, una calle histórica de Liverpool (Inglaterra), había varios locales vacíos. Allí decidió dar forma a su proyecto y abrir su propia librería, llamada Still Out-of-Print.
Una librería abierta todos los días… pero sin ingresos
Desde su apertura, Frisch gestiona el negocio en solitario y sin descanso. Sin embargo, lo hace sin obtener beneficios económicos.
“La librería se mantiene a flote y la estoy consolidando como un negocio viable, [pero] mi sueño es que llegue una persona más joven a la que le apasione el mundo de los libros y le añada una función de ventas en línea que la convierta en un negocio rentable y que genere empleo”, explica a People.
Su objetivo no es tanto ganar dinero como garantizar el futuro del proyecto. Aspira a que alguien recoja el testigo y transforme la librería en un negocio sostenible.
Un punto de encuentro para el barrio
La librería no solo vende libros: también se ha convertido en un espacio de referencia para la comunidad local. En la zona conviven negocios muy diversos, desde una tienda de conveniencia hasta una pizzería tradicional o una tienda vegana.
“Hay una gran diversidad de personas: mayores, jóvenes, trabajadores, estudiantes, profesionales, propietarios e inquilinos, lo que se traduce en una gran cantidad de amantes de los libros”, afirma Frisch.
Ese ambiente es, en parte, lo que mantiene viva la librería, que recibe a diario a vecinos con intereses e historias muy distintas.
Una jubilación activa y muy querida por su comunidad
Frisch, que se jubiló originalmente en 2017, es conocida en su entorno como “la difunta Naomi”, un apodo que refleja su particular sentido del humor.
“Disfruto mucho mis mañanas con café recién hecho y crucigramas. Viajo en autobús y solo necesito una fecha límite para motivarme”, señala. Incluso bromea sobre su puntualidad: “No sé por qué, pero siempre llego un poco tarde a todas partes. Así que despídanme”.
A pesar de ello, su implicación con la librería y con el barrio es total. “La gente que viene es encantadora. Cada uno tiene sus propios intereses y su propia historia. Siempre me ha interesado la gente”, asegura.
Además, también organiza el Mercado del Libro de Liverpool, un evento que reúne a entre 10 y 12 vendedores locales dos veces al mes en el centro de la ciudad. Las próximas citas ya están programadas hasta noviembre de 2026.
El caso de Naomi Frisch demuestra que la jubilación no siempre significa dejar de trabajar, sino, en muchos casos, reinventarse. Aunque no obtiene ingresos por su esfuerzo, ha conseguido dar una segunda vida a miles de libros y crear un espacio cultural en su comunidad.
Ahora, su mayor deseo no es económico, sino de continuidad: que alguien más joven recoja su legado y convierta su librería en un negocio rentable que siga creciendo.

