Cada vez son más las personas que, cansadas del ritmo de vida en sus países de origen, deciden mudarse a España atraídas por el clima, la cultura o la promesa de una vida más asequible. Aunque en muchos el cambio les supone una mejora, no siempre es tan barato como esperan, y esto es justo lo que le pasó a una familia estadounidense que vendió todas sus propiedades en Connecticut para instalarse en España, sin esperar que acabarían gastando prácticamente lo mismo que antes.
Según cuenta Izabela Oquendo, de 35 años, en Business Insider, ella y su marido tenían una vida cómoda en Estados Unidos. Trabajaban por cuenta propia, vivían en una casa reformada de dos plantas, habían alcanzado lo que muchos consideran una situación ideal. Sin embargo, la pérdida del padre de Izabela y la marcha de su madre a Polonia les empujó a plantearse un cambio de vida.
España apareció como una opción atractiva, el sol, la playa, la buena comida y, pero sobre todo explica, un supuesto menor coste de vida. “Pensaba que podríamos reducir gastos y tener más tiempo en familia”, cuenta. Pero la realidad, meses después de mudarse, fue otra, “Nuestro alquiler cuesta lo mismo que en Connecticut, y en el supermercado gastamos igual”.
Gastan más de lo que esperaban
Para poder mudarse a España, la familia vendió su casa, liquidaron propiedades y subastaron casi todas sus pertenencias. Antes de instalarse en nuestro país, hicieron un viaje en autocaravana por Estados Unidos, como despedida y transición. En mayo de 2025 llegaron a Alicante con solo unas maletas y cajas enviadas desde EE. UU.
Gracias a la ciudadanía polaca de Izabela, ella y sus hijos pudieron entrar como ciudadanos comunitarios. Su marido obtuvo la residencia por reagrupación familiar. Desde entonces, viven en un apartamento de 140 metros cuadrados en una zona residencial de Alicante con alta presencia de población extranjera.
La familia esperaba que la vida en España fuera considerablemente más barata, pero los precios les sorprendieron. “Cuando empezamos a planear la mudanza, todo parecía más asequible. Pero en estos dos años, los precios han subido mucho”, explica la mujer.
El alquiler, el coste de los alimentos y algunos servicios son, en su experiencia, muy parecidos a los que tenían en Estados Unidos. Además, vivir en una zona con mucha demanda ha limitado su margen de ahorro.
Ahora están buscando comprar una vivienda en una zona más tradicional, como Calpe, con la esperanza de encontrar precios más estables y una experiencia más local.
“Vivir aquí no es más barato, pero es diferente”
A pesar de los costes, el ritmo de vida ha cambiado. Izabela trabaja menos, puede mantener algunos clientes de EE. UU. y ha comenzado nuevos proyectos personales. En 2025 publicó explicando el proceso de cambio que vivió durante el viaje en autocaravana.
Sus hijos también están en proceso de adaptación. Al principio, la barrera del idioma dificultó su integración en el colegio, pero con clases extra y actividades como campamentos, la situación ha mejorado. “No es fácil al principio, pero se adaptan”, asegura.
Aunque reconocen que no han conseguido ahorrar como esperaban, sí han ganado en otros aspectos. “Aquí vivimos más despacio, sin la presión de estar produciendo constantemente”, dice Izabela. La familia valora el tiempo juntos y la posibilidad de priorizar otras cosas más allá del dinero.
“No es el estilo de vida barato que imaginábamos, pero tampoco lo cambiaríamos. Nuestra felicidad ya no depende de lo que tenemos, sino de cómo vivimos”, concluye.

