Pilar tiene 62 años, una vida laboral de 34 años cotizados y una historia que desmonta el tópico de que dormir en la calle es cosa de quienes nunca trabajaron.
Hoy vive en un albergue público de Madrid, pero durante dos años tuvo por techo un banco, a unas calles de la casa familiar donde creció. “Confié en mi hermana”, dice, como quien ya ha llorado demasiado.
Pilar podría estar viviendo en el piso de sus padres, pero una serie de decisiones marcadas por la necesidad la dejaron sin hogar.
“Le pedí que no me dejara en la calle”
La historia de Pilar comienza cuando su hermana le pidió ayuda. “Me dijo que tenía unas deudas de la comunidad que tenía que pagar y le pedí por favor que no me dejara en la calle. Me dijo que no me preocupara, que no lo haría nunca”, recuerda la mujer ante las cámaras de Y ahora Sonsoles.
Con ese compromiso, cedió su parte de la herencia, firmó los papeles y renunció a su derecho sobre la vivienda familiar. A cambio, su hermana le prometió 3.500 euros y “la entrada de un piso” porque Pilar no estaba cobrando la prestación vital: “Ella me dijo que me ayudaba con la entrada y yo con lo otro pagaba los recibos”, cuenta.

Pero la promesa no se cumplió. “Mi hermana me vio viviendo en un banco en la calle”, recuerda. Durante ese tiempo sobrevivió como pudo. “Beber, bebemos todos… también el problema fue el del alcoholismo. Era estar todos los días detenida”, confiesa.
“Me ha hecho mucho daño”
Durante su estancia en las calles de Madrid, Pilar pasó por distintos recursos sociales. “Al principio me enviaron a una campaña de frío, ahí me tiré seis meses, esto sabiéndolo mi hermana. No le da pena mi situación”, lamenta. “Al principio me ayudó, pero después ya nada. Tengo el corazón que me cae por los pies”, confiesa.
Sin embargo, su hermano le había advertido, pero aun así, decidió confiar: “Me ha hecho mucho daño. Ahora mismo no tengo ninguna relación con ella”, señala la mujer con lágrimas en los ojos.
Pese a todo, Pilar no se rinde, ya que se encuentra en un proceso de entrevistas de trabajo. La historia de esta mujer no es la única. Según datos de Cáritas y la Fundación RAIS, más de 37.000 personas viven sin hogar en España, y cerca del 40% han trabajado gran parte de su vida.

