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Oscar García (81 años) después de trabajar 32 años en una fábrica: “Pasamos hambre. He tenido que salir a pedir”

Este jubilado ha tenido que seguir trabajando al no poder llegar a final de mes con su pensión, ni siquiera para cubrir las comidas diarias.

Un jubilado triste
Un jubilado triste |Envato Labs
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:
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Al llegar a la edad de jubilación, muchos trabajadores confían en por fin bajar el ritmo, descansar y dedicar tiempo a esas aficiones que aparcaron durante sus años de vida laboral. Sin embargo, la realidad económica actual está rompiendo ese ideal: el aumento del coste de la vida y unas pensiones que, en muchos casos, resultan insuficientes, están obligando a miles de personas jubiladas a seguir trabajando para poder llegar a fin de mes.

Es el caso de Óscar que, con 81 años y ya jubilado, tiene que seguir trabajando como puede. Vive en Lanús (Buenos Aires, Argentina) y vive en una casa modesta. Durante los meses lectivos, de marzo a diciembre, se dedica a vender manzanas de caramelo. Para ello, lleva un aparador montado en una bicicleta, que ni siquiera puede montar debido a una lesión en su tobillo.

Aun así, se las apaña como puede para, esos meses, poder conseguir un sustento. Y es que no le alcanza con la pensión para subsistir, cobrando la jubilación mínima de 349.000 pesos más un bono de 70.000, si bien se le quedan finalmente en solo 150.000 mil pesos (alrededor de 90 euros).

“El año pasado tuve que pedir un préstamo en el banco. Muchas cosas las consigo, me las dan, pero no llego a las comidas básicas”, explica Oscar al medio ‘La Nación’, donde ha sido entrevistado. Cuando termina diciembre, y por ende el curso académico, la situación se complica aún más, perdiendo ese ingreso que percibe con sus ventas de manzana y con el que tiene que mantener también a su esposa Sergia, de 65 años, que sufrió accidente cerebrovascular.

“Tuve que salir a pedir”

Tal así que, el pasado diciembre, pasó la peor racha hasta el momento. Así, por primera vez en su vida, tuvo que salir a pedir comida a los negocios de la zona. “Cuando se cortó la venta de manzanas estábamos mal, pasamos hambre. Tuve que salir a pedir”, cuenta. Cuando trabajaba en la fábrica, donde estuvo 32 años, ya vendía las manzanas de caramelo, para poder completar su salario. Sin embargo, ahora, lo hace por pura necesidad, ya que si no, no tendrían para comer.

Los negocios de su barrio, que le conoce, le ayudan en la medida de sus posibilidades. Así, los jueves una panadería le da pan y pasteles que les obra cando acaba el día. Una tienda de comestibles también le da empanadas y pollo. “Ya me conocen y ven que soy una persona que realmente necesita ayuda. Me tratan bien, pero no me gusta pedir, me da vergüenza. Pero no me queda otra alternativa”, relata al citado medio argentino.

“Quiero salir de esto”

Como otros muchos jubilados, Óscar no se esperaba vivir así su retiro laboral. “Los últimos años de mi vida esperaba estar un poquito mejor. Antes pensaba que cuando me jubilara, mi vida iba a ser linda, que iba a poder pasear con mi señora, salir a la costanera en Quilmes, ir a tomar mate y comer facturas [pasteles]. Pensé que iba a estar bien, pero fue todo lo contrario”, afirma, asegurando que se siente más triste por su esposa.

“Tengo que ser muy fuerte por ella. Lo que quiero es que estemos un poquito mejor. Quiero salir de esto”, manifiesta.

La solidaridad de la gente le permitió volver a comprar en el supermercado

Ulises conoció la situación de Óscar en uno de sus paseos por el barrio. Al contar con una cuenta de Instagram donde relata historias de Lanús, expuso en un vídeo la situación del jubilado, para intentar ayudarle. Y así fue, ya que muchas personas hicieron donaciones. Gracias a estas, Óscar pudo volver a comprar en un supermercado, después de 4 años.

“Me sentí bien cuando pude ir, pero también me sentía un poco avergonzado porque llegué a eso”, relató a ‘La Nación’. Las donaciones siguieron y pudo hacer una segunda compra, además de que una antigua vecina del barrio se acercó a su casa para llevarle comida. “Conozco a mi gente, todo el mundo me saluda, y me siento bien porque se acuerdan de mí y no me abandonan”, relató Óscar, conmovido por la solidaridad de un barrio que le dio un pequeño respiro.