Llegar a la edad de jubilación puede resultar agridulce para muchos españoles. Tras décadas de madrugones y rutinas, el ansiado descanso a menudo viene acompañado de un inmenso abismo de tiempo libre y, a veces, de la inactividad. Según los datos oficiales de la Seguridad Social, hay más de 9,4 millones de pensionistas. De este total, se abonan 6,6 millones de pensiones de jubilación con una nómina media que se sitúa en torno a los 1.500 euros mensuales.
Sin embargo, cada vez son más los jubilados que cambian los viajes y el estar en casa por cumplir un sueño más y volver a la universidad. Este es el caso de Miguel Ángel, un ‘universitario corriente’ de 65 años. Aunque se jubiló en agosto, un mes después ya era alumno del grado de Historia de la Universidad de Extremadura.
Dar el paso no fue sencillo; él mismo confiesa que llegó a sus primeras clases “con un poco de miedo” y dudando de si lograría adaptarse a la universidad o si serían “demasiados conocimientos para él”.
“No falto ni a una clase”
Solo en los programas diseñados para mayores hay más de 40.000 matriculados en todo el país. El 66% son mujeres y la mayoría cumple un sueño que en su juventud no pudo permitirse por falta de recursos económicos o tiempo.
Lo cierto es que Miguel Ángel es parte de esta nueva realidad. Hoy es uno más entre los veinteañeros. De hecho, ante las cámaras de ‘Hablando en Plata’, uno de los jóvenes que van con él en las aulas, recuerda que el primer día pensaron que era el profesor. En el día día, Miguel Ángel coge apuntes, se queja de las tareas de literatura o patrimonio y celebra incluso un cinco “raspado”.

Los científicos y psicólogos sociales señalan los motivos principales para esta decisión: el envejecimiento activo. De acuerdo a los expertos, estudiar es el mejor ‘gimnasio’ para retrasar el deterioro cognitivo. A su vez, la universidad es el punto de encuentro perfecto para rodearse de personas con los mismos intereses.
Y es que, en el caso de Miguel Ángel, tras 40 años trabajando por necesidad, la jubilación le permite estudiar por puro placer. Mientras sus compañeros buscan aprobar oposiciones o ser arqueólogos para ganarse la vida, este jubilado cuenta que su principal objetivo es “sacarme la espinita clavada” y obtener el título.